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Culture / Art
El Brindis

El Brindis

Cuando estudiaba en la universidad, para una asignatura de guión cinematográfico, teníamos que hacer una práctica que me pareció muy interesante: mostrar conflictos personales a través de diálogo. Esto, que a primera vista podría parecer sencillo, no lo es. Para nada. Miremos, por ejemplo, un diálogo imaginario entre dos antiguos amigos:

 

– Estoy muy cabreado contigo porque me traicionaste, llevándote a la chica de mis sueños.

– Déjame que te cuente…

– ¡No! ¡Vete!

– etc…

 

Podrá ser más o menos dramático, pero tiene poca fuerza.

 

Un grupo de clase, durante aquella práctica, planteó lo siguiente: un juego de mesa entre amigos, entre los que están estos dos. Cada uno tenía que dar pistas sobre una película que había pensado, y los otros tenían que adivinar. Los títulos que iban saliendo tenían que ver, cada vez más, con aquella historia de traición, que se mostraba, poco a poco, con la reacción, por momentos más y más encendida, de aquellos dos antiguos amigos.

 

Con los diálogos –los buenos diálogos, bien construidos, bien escritos– se pueden mostrar unos conflictos brutales, con mucha sutileza.

 

En este sentido, el guión de El Brindis es de 10. He aquí el motivo de esta introducción: escrito por Frank Bayer, la historia que te presenta El Brindis al principio te desconcierta, porque no sabes muy bien qué está pasando; pero, poco a poco, con las idas y venidas a antiguos recuerdos, con las frases punzantes de un personaje a otro, te va contando una historia que tiene mucha fuerza. Porque, como si de un drama shakesperiano se tratara, hay envidias, odios, amor, amistad, traición e hijodeputismo (mucho), sonrisas y llantos. Y miserias. Muchas miserias de las que somos capaces, los hombres y las mujeres, cuando lo único que nos guía es un inmenso afán de poder. Y corrupción y cloacas.

 

Y es que El Brindis habla de la historia de Ernest (Xavier Mercadé) y Mateu (Ivan Bustos). Éste, un pintor en horas muy bajas y el otro, un político con un futuro prometedor, a pocas horas de convertirse en el alcalde más joven de la ciudad, posiblemente con amplia mayoría. Los dos habían sido grandes amigos y, diez años después de haber roto aquella amistad, Mateu lo ha llamado, sin más explicaciones que verle antes de las elecciones: le quiere dar un mensaje que removerá viejos recuerdos –felices, algunos, y no tanto, otros– y puede cambiar el rumbo de la historia de los dos.

 

Dirigidos por Cristina Cervià, Mercadé y Bustos dan vida y fuerza a dos personajes, que ya conocemos o quizás hayamos oído hablar de ellos. Tan vivos, como grises: podridos por dentro. O no, que la obra te pide no juzgar: ¿quizá porque es un espejo? Con su interpretación, los dos actores saben hacerte dudar, compadecerles y odiar a la vez. Así, te van metiendo, con arte, poco a poco, en su personaje, y sorprendiéndote en cada uno de los giros. Y hay tiempo para reír, y tiempo para reflexionar.

 

Porque estamos ante una una historia dura –no apta, ni para los más jóvenes y pequeños, ni por los no dispuestos a oír un montón de palabrotas–, pero que, desgraciadamente, es muy actual. Una historia necesaria que te hace cuestionar muchos comportamientos y actitudes –personales o no– que deberían cambiar…, si queremos ser más humanos, claro.

 

El Brindis es una producción del joven grupo de teatro gerundense La Gàrgola. Lleva unos meses dando vueltas y triunfando por Cataluña, y ahora ha acampado en Barcelona, ​​de la mano del Teatro Gaudí Barcelona, ​​hasta el 24 de febrero. Vale la pena. Aunque sólo sea para ver los matices interpretativos de este dúo y para salir del teatro pensando que sí es posible un brindis diferente.

 
 
La Casa Gralla