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Culture / Art
La Casa Gralla

La Casa Gralla

Las vicisitudes del patrimonio

 

La Casa Gralla estaba situada en la calle de la Portaferrissa y fue una de las más admiradas de Barcelona, por la ornamentación escultórica renacentista que embellecía la fachada desde el siglo XVI. Desgraciadamente, se derribó en 1856.

Casa Gralla

 

El edificio pertenecía, desde principios del siglo XIV, a la familia Desplà. En el año 1506, Anna Desplà se casó con Miquel Joan Gralla, alto funcionario real, y en 1518 el matrimonio llevó a cabo una reforma del edificio, estimulada por la concesión del privilegio de caballero a Gralla. Estos son unos trabajos documentados, por los que los consejeros de Barcelona otorgaron a Gralla piedra de Montjuïc y agua de la conducción pública, pero no se tiene noticia de la fachada.

 

Hacia 1531, el hijo, Francesc Gralla Desplà, se casó con Violant d’Hostalric-Sabastida. Quizá fue entonces cuando se hizo la reforma de la fachada de la casa y se ornamentó con un magnífico repertorio “a la romana”, es decir, al modo renacentista, poco visto en Barcelona en aquel momento. El escudo en la parte superior de la puerta (Gralla-Desplà-Hostalric-Sabastida) parece confirmar que la reforma tuvo lugar entonces. No hay información sobre el escultor que la realizó, aunque sabemos que Pedro Fernández trabajó en la casa (pero murió en 1520) y el nombre de Damià Forment se repite en la historiografía, pero sin base documental.

 

En el siglo XIX la casa estaba en mal estado y pertenecía a los duques de Medinaceli, que la tenían alquilada. Josep Martí i Fàbregas la compró, junto con otras fincas vecinas, para derribarlo todo y abrir una nueva calle entre Portaferrissa y Canuda con fines especulativos. Los derribos comenzaron en julio de 1856. Como la prensa y los barceloneses se hicieron eco de ello, Josep Xifré Downing (1822-1869), hijo del indiano, compró las piedras de la fachada y del patio interior con la intención de rehacer la Casa Gralla en su finca de Sant Martí de Provençals, donde ahora se encuentra el Hospital de Sant Pau.

 

El intermediario en la operación y encargado del desmontaje y traslado de las piedras fue el arquitecto Elies Rogent. Este levantó un plano completo, actualmente desaparecido, y elaboró un estudio cuidadoso del edificio para poder proceder a su reconstrucción.

 

Desgraciadamente, este traslado no fue cuidadoso y las piedras se guardaron en distintos sitios: unas en un local cerca del claustro de Santa Anna, otras en el baluarte de la muralla de la calle Tallers y las últimas llegaron a la finca de los Xifré, en Sant Martí de Provençals. La muerte repentina de Josep Xifré Downing, en 1869, provocó que el proyecto de reconstrucción de la Casa Gralla quedara en nada.

 

Poco a poco, las piedras restantes quedaron en el olvido, como se puede seguir a través de la prensa, y se dispersaron: el coleccionista Francesc Santacana compró el dintel de la puerta principal, que encontró amontonado entre otros en las obras que se hacían en el tren de Sarrià, cerca del antiguo baluarte de Tallers, y lo llevó al actual Museu de l’Enrajolada, de Martorell. Albert Coll se llevó algunos dinteles de puertas interiores a la Torre Pallaresa de Santa Coloma de Gramenet, donde todavía se pueden ver, como dinteles o convertidos en chimeneas: son fáciles de reconocer, ya que llevan el escudo Gralla-Desplà-Hostalric-Sabastida. Sabemos que las piedras del baluarte de Tallers se tiraron a la escollera del puerto como escombros.

Dibuix de tres finestres de la Casa Gralla. Francesc Soler i Rovirosa, 1857. Arxiu Maria Font. Fotografia de Jordi Vidal F.

Ahora bien, ¿estaban, entre ellas, las de la fachada? ¿Qué pasó con las que estaban en el local cerca de Santa Anna? Hay muchas incógnitas que desgraciadamente siguen sin resolverse.

 

Tras la muerte de Josep Xifré Downing, su hijo, Josep Xifré Hamel, quiso deshacerse de las piedras que tenía en su finca de Sant Martí de Provençals. Habían pasado 25 años desde el derribo de la Casa Gralla, así que las vendió al marqués de Brusi, que las compró pensando que eran las de la fachada y con la idea de reconstruirla. Cuando el arquitecto encargado del proyecto, August Font, las extendió en el suelo, vio que aquello no correspondía a la fachada, sino al patio interior. Así, Font tuvo que reconstruir el patio interior como pabellón independiente en el jardín de la finca del marqués en Sant Gervasi, en el año 1881.

 

En 1907, la hija del marqués, Maria Josefa Brusi, derribó la casa paterna y pidió a Font que le construyera la casa alrededor del patio de la Casa Gralla. Pero en 1959 los descendientes de Brusi se vendieron los terrenos y el patio se desmontó y fue guardado en un almacén en Cornellà de Llobregat. La familia intentó venderlo al Ayuntamiento, sin éxito, y en 1964 hubo algunos intentos infructuosos de declararlo monumento local histórico-artístico, seguramente para evitar que fuera vendido en el extranjero.

 

A principios de 1990, después de estar 31 años en el almacén, las piedras fueron vendidas a una empresa constructora malagueña, que las trasladó a la Costa del Sol. Cinco años después, seguían sin montar y el empresario argentino Herberto Gut entró en posesión del patio. Este confió al arquitecto Octavio Mestre su reconstrucción dentro de la sede de Prosegur, en el polígono Pedrosa de L’Hospitalet de Llobregat. El patio está ahí desde 1996, declarado Bien Cultural de Interés Local.

 

Esta es la historia del periplo de la Casa Gralla, de la que, desgraciadamente, todavía existen muchas incógnitas. Aunque el patio se ha conservado hasta nuestros días y ahora está protegido, la desaparición de la fachada muestra el poco cuidado que se tenía con el tratamiento del patrimonio y el desinterés de las instituciones y particulares en este asunto. Hoy día aún se desconoce qué destino tendrá el que podríamos decir que fue el ejemplo más importante del Renacimiento en Cataluña. Esperamos que la investigación —que sigue— pueda dar frutos en algún momento.

 

* Judith Urbano Lorente es directora del Grupo de Investigación  de Historia, Arquitectura y Disseny (GRHAD), de la School of Architecture de UIC Barcelona.