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Culture / Cinema
La diversidad de los Gaudí

La diversidad de los Gaudí

Los Premios Gaudí tienen la virtud de recoger y reconocer la diversidad de las tendencias cinematográficas de nuestro país. Películas que acostumbran a quedarse fuera de las nominaciones a los Goya –principalmente por su menor dimensión industrial, puesto que los premios de la Academia del Cine Español, salvo contadas excepciones, se acaban entregando a películas “grandes”–, suelen ocupar un lugar más que privilegiado en la noche del cine catalán.

 

No pretendo abrir un debate sobre los motivos por los cuales se da esta situación, que tiene que ver, también, con los requisitos que deben cumplir las producciones para poder ser elegibles para unos y otros premios, sino más bien apuntar la importancia de que existan unos galardones que reconozcan ese otro tipo de cine, el que no necesariamente se ha producido bajo imperativos comerciales, y que, sin embargo, ha viajado por los principales festivales del mundo y/o ha obtenido una más que considerable repercusión en los círculos por los que se mueve la crítica internacional.

 

Este año, en la categoría de Mejor Película han sido nominadas cuatro propuestas que, de algún modo, representan algunos de los senderos más interesantes por donde transita el cine producido en nuestro territorio. De un lado, la película Barcelona, noche de invierno de Dani de la Orden, una propuesta de ficción cuyo tono y narrativa se enmarca en la hornada de cineastas que han salido de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña). En esta historia, el director catalán sigue los postulados de un tipo de ficción que, alejándose del realismo social que durante una época pareció la única vía de conexión con el público de nuestro país, tiende puentes con una amplia audiencia a través del drama y el humor de corte positivista.

 

Por otro lado, ha sido nominada La adopción de Daniela Fejerman, un melodrama familiar que enlaza con un cierto tipo de cine que mantiene puntos de contacto con la televisión o, más concretamente, con la ficción serial de la pequeña pantalla y cuyas transferencias traspasan lo puramente narrativo. La película de Fejerman, sin ser pequeña en su dimensión económica, persigue una temática intimista desprovista de una intencionalidad épica lo cual se traduce en una segmentación más especializada de su público.

 

El tercer film nominado a la máxima categoría en los Gaudí ha sido Un día perfecto para volar de Marc Recha, uno de los cineastas más personales que ha dado el cine de nuestro país, cuyas películas han tenido repercusión en festivales de primera categoría como Cannes o Locarno sin que eso se haya traducido con grandes números de taquilla para ellas. Recha, a quien debemos considerar el cineasta fundacional de la corriente paisajística en nuestro cine, junto con el José Luis Guerín de En construcción (2001), el cine radical de Albert Serra y, ahora también, el nuevo cine de Lois Patiño, pone sobre la mesa, con sensibilidad y tesón, la importancia que tiene el paisaje en el cine a la hora de construir nuestra identidad. Es por ello que sus películas cargan con una responsabilidad inédita en nuestra cinematografía y a pesar de que las cinematografías más importantes del cine europeo, como la francesa y la italiana, ya se ocuparan de esta cuestión durante la modernidad, a partir de la Nouvelle Vague y del Neorrealismo italiano.

 

Finalmente, la última película nominada ha sido El camino más largo para volver a casa del debutante Sergi Pérez. Una sorpresa que podría llegar a convertirse en un revulsivo en nuestra cinematografía, tanto por lo que se refiere a su dimensión económica como a su propuesta narrativa. Por un lado, la película de Pérez fue financiada a través de una campaña de micromecenazgo y tuvo por ello que ser rodada en tres periodos distintos: tres semanas de rodaje separadas entre sí por seis meses. Una circunstancia que, sin duda, marcó el carácter de la película. Por otro lado, la propuesta artística de Pérez es de lo más alentadora: tiene como referente estético el cine indie de los Estados Unidos sin renunciar a la idiosincrasia de nuestro paisaje, nuestros actores, nuestra lengua. Esa dualidad es la que ha permitido que El camino más largo para volver a casa haya estado presente en los circuitos de festivales más importantes del mundo y, al mismo tiempo, haya conseguido conectar con un público mayoritario aguantando cuatro meses en la cartelera de cines comerciales.

 

En resumidas cuentas, pues, mientras que en los Premios Goya la categoría de Mejor Película es disputada por cinco películas “grandes” (A cambio de nada, La novia, Nadie quiere la noche, Truman y Un día perfecto), en los Gaudí compiten dos películas “grandes” y dos “pequeñas”.

 

Una oportunidad para que el gran público pueda conocer la rica diversidad de tendencias cinematográficas que se producen en nuestro país.

 

* Anna Petrus es profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de UIC Barcelona.

 
 
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