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Culture / Cinema
Oblivion: luchando contra el olvido

Oblivion: luchando contra el olvido

Año 2077. Han transcurrido seis décadas desde que la humanidad se enfrentó a una raza alienígena invasora. Con la destrucción de la Luna, los alienígenas provocaron toda clase de fenómenos meteorológicos extremos que arrasaron grandes superficies del planeta. Los humanos contraatacaron con armas nucleares y las condiciones para la vida futura empeoraron drásticamente. A la amarga victoria le siguió una evacuación paulatina de la población superviviente hacia Titán. Solo un técnico de mantenimiento, Jack Harper, y su ayudante de comunicaciones, Vicka, permanecen en la Tierra. Se encuentran en las últimas semanas de una misión que consiste en el cuidado de los drones que protegen a las máquinas extractoras de agua marina. El procesamiento del hidrógeno es esencial para producir el combustible necesario para la vida en Titán. Pero mientras Vicka está deseosa de cumplir los objetivos y marcharse, Jack tiene un sentimiento de apego especial por el planeta que están a punto de dejar y ni siquiera la amenaza constante de núcleos aislados de alienígenas llamados scavengers le genera dudas sobre el hogar ancestral de su raza…

 

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Oblivion despertó en mí una sensación inesperada. Acudí a la sala de cine pensando en un film de ciencia-ficción, de factura técnica impecable, pero no pensé que tendría una repercusión más allá del entretenimiento.

Joseph Kosinski concibió el argumento hace más de ocho años y había coescrito una novela gráfica que siempre ansió llevar al cine en cuanto pudiera establecerse como director. Después de rodar Tron Legacy para Disney, trató que el estudio de Burbank financiara y distribuyera el film pero la necesidad de una calificación PG-13 alejó el proyecto, puesto que se escapaba de la idea que tenía la major para una película familiar sin restricciones. Manteniendo su propuesta intacta, y tras haber escrito el guión con William Monahan y Karl Gajdusek, Kosinski consiguió atraer a Universal Pictures, que encargó a Michael Arndt el último retoque del guión (guionista del momento gracias a su implicación en la nueva entrega de Star Wars).

 

Con Tom Cruise a bordo y un presupuesto de 120 millones de dólares, el sueño de Kosinski se hizo realidad de la forma más deslumbrante posible. Ese borrador inicial que había escrito largo tiempo atrás cobró vida con unos medios que le han permitido presentarnos una película con una puesta en escena impresionante.

 

El ambiente que nos describe seduce desde el primer momento. Es imposible no sentir una sensación de fascinación inmediata por los maravillosos entornos que nos ofrece la Sky Tower (uno de los mayores decorados construidos en el cine reciente), iluminada por una luz que no procede de fondos artificiales colocados en postproducción sobre pantalla azul. El set se iluminó con la luz desprendida por proyectores con imágenes de cielos, grabados para la ocasión, en las islas de Hawaii. Eso le confiere a los interiores una naturalidad pocas veces vista hasta ahora. La idea de Kosinski siempre fue la de crear un film épico de ciencia-ficción en escenarios de máxima claridad, alejándolo de las habituales tomas nocturnas. Y eso también lo consiguió rodando exteriores en Islandia, durante la fase de Noches de Sol. Excepcional, una vez más, el trabajo del recientemente oscarizado director de fotografía chileno Claudio Miranda. Su maestría y su aprovechamiento de la luz en interiores y exteriores están plasmados en cada plano, en cada escena de la cinta.

 

Tom Cruise canaliza la narración con su solvencia habitual y, a través de su sentida interpretación, nos traslada ese halo de humanidad que aún pervive en un mundo postapocalíptico. También hay que destacar la presencia de Andrea Riseborough y Olga Kurylenko. Dos actrices de características necesariamente opuestas para dar vida a personajes totalmente diferentes. Morgan Freeman nunca está mal, es uno de los mejores actores de Hollywood desde hace varias décadas. Pero su irrupción en la película y la definición de sus seguidores es, sin lugar a dudas, el punto más flojo de un film que nunca he tratado de definir como perfecto.

 

Lo que sí pretendo trasladar en este artículo es que Oblivion es una aportación brillante al género de ciencia-ficción y merece la oportunidad que muchos le niegan. Sus influencias son diversas, aunque yo sintonizo especialmente con la forma en que Joseph Kosinski ha logrado contar una historia, con buenos niveles de profundidad, sin perder el concepto del entretenimiento. Hay otros directores, a los que muchos veneran, que realizan una película del mismo género entre cuatro paredes y reciben fragorosas ovaciones. Yo no estoy dentro de esta corriente de opinión.