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Culture / Further reading
Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh

Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh

Retorno a Brideshead es uno de los libros que más me han fascinado en mi ya larga vida de lector apasionado. Encuentro la novela genial, por cuatro motivos esencialmente: por su calidad literaria formal; por su sentido del humor; por la riqueza, originalidad y profundidad de los personajes, y por el resultado final, totalmente inesperado.

 

Calidad literaria formal

 

Me parece deliciosa la prosa que utiliza Evelyn Waugh. Lleva a cabo descripciones bellísimas, pero no solo compuestas de imágenes gráficas, sino también de ideas y sentimientos tremendamente sugerentes. Un botón de muestra nos lo da el momento en que el protagonista, Charles Ryder, es despedido por su gran amigo Sebastian Flyte de su casa al no considerarlo ya útil, y afirma lo siguiente:

 

“Nunca volveré”, me dije.

 

Una puerta se había cerrado, la pequeña puerta de la pared que busqué y encontré en Oxford. Si la abría ahora, ya no descubriría ningún jardín encantado.

 

Salía a la superficie, a la luz del día normal y corriente, al fresco aire marino, tras un largo cautiverio en los palacios de coral sin sol y las ondulantes selvas del fondo del océano.

 

¿Qué dejaba a mi espalda? ¿La juventud? ¿La adolescencia? ¿El amor romántico? Lo mágico de todas esas cosas, “el compendio del joven mago”, ese pequeño gabinete donde la varita mágica del ébano ocupa su lugar al lado de las engañosas bolas de billar, la moneda que se dobla y las flores de plumas que pueden transformarse en una vela hueca.

 

“He dejado atrás la ilusión”, me dije. “A partir de ahora viviré en un mundo de tres dimensiones, con la ayuda de mis cinco sentidos”.

 

Después he aprendido que tal mundo no existe, pero entonces, al perder de vista la casa en un recodo del camino, pensé que no me costaría nada hallarlo, que se extendería ante mí al final de la avenida”.

 

¡Fantástico! ¡Qué riqueza de metáforas! Sin embargo, no se trata de un puro formalismo, sino que recurre a imágenes vivas. Solo puede escribir algo así alguien que ha vivido lo que narra. En efecto, la gran fuerza de esta novela de Evelyn Waugh, en mi opinión de largo su mejor obra, es que comparte con el lector muchos elementos autobiográficos.

 

Sentido del humor

 

En muchas de sus obras, Evelyn Waugh demuestra un gran sentido del humor, rayando en un cinismo sin piedad, como por ejemplo en ¡Noticia bomba!, donde ataca furibundamente al mundo del periodismo sensacionalista y, en particular, a los corresponsales en el extranjero.

 

En Retorno a Brideshead, este cinismo y sentido del humor aparecen endulzados por la finalidad del autor al escribir el libro y su profunda visión positiva de la vida, que lo impregna; algo sobre lo que volveremos.

 

Así, por ejemplo, un pasaje divertidísimo es cuando el autor cuenta la vuelta a Inglaterra de Charles Ryder desde París, donde estaba estudiando para convertirse en pintor profesional. Había leído en los medios de comunicación que existía una gran alteración social, al borde casi de la guerra civil, en una lucha por salvar la patria en peligro, y constata después que simplemente se trataba de unas huelgas y de unos conflictos laborales sin mayor trascendencia. Así, entre otras cosas, se cuenta de uno de los amigos de Charles: “Jean, que se había alistado en otra unidad, pasó una semana en el hospital porque una anciana viuda de Camden Town dejó caer una maceta de helechos encima de su cabeza”.

 

Riqueza y profundidad de los personajes

 

Muy unido al carácter autobiográfico del libro, que veíamos más arriba, está el hecho de que la novela presenta un catálogo de personajes de lo más variopinto, con gran personalidad propia.

 

Charles Ryder es un estudiante serio que, aunque debido al contacto con su amigo Sebastian Flyte pasa unos años en Oxford bastante disolutos, al final consigue acabar sus estudios. Su vida, destinada a ser gris y monótona, como la de su padre, adquiere un gran color con el contacto de los Flyte, una familia adinerada y católica, poseedora de una gran mansión, a lo Downton Abbey. Se enamora de la hermana de Sebastian, Julia, y deja a su mujer, encantadora pero convencional, que le había engañado previamente, y a sus hijos, de una manera fría y terrible.

 

Sebastian Flyte, que al principio de la novela se nos presenta como un joven encantador, con un porvenir dorado, avanza en la vida por una senda equivocada, de alcohol y dejadez, y al final acaba en un rincón de Oriente Medio perdido, enfermo y solo, siendo asistido por unos monjes católicos que le quieren y lo cuidan hasta su muerte.

 

Julia Flyte es retratada como una chica bella, rica y frívola, que se casa de forma inconsciente con Rex Mottram por considerarlo un triunfador y que luego se hastía de él al caer en la cuenta de que lo único que buscaba en ella era un trampolín para ascender en la escala de la sociedad británica. Al final se enamora de Charles Ryder y decide divorciarse de Rex para casarse de nuevo, pero en el último momento renuncia a este proyecto.

 

Antony Blanche es un estudiante de Oxford, algo mayor que el resto de sus compañeros, que pasa sus años allí llevando una vida de libertinaje y excesos continuos, en todos los sentidos.

 

Cornelia, la hija menor de los Flyte, es presentada como una niña piadosa y un poco tonta, que se hace enfermera durante la guerra para acabar volviendo a Inglaterra y ocuparse de su padre enfermo.

 

Brideshead es el hijo mayor de la familia protagonista. Es el retrato vivo del lord inglés, de una gran rigidez y puritanismo. Inicialmente duda si ser sacerdote, pero luego acaba casándose con una viuda bastante mayor y con hijos, con intenciones dudosas, pero que lo hace feliz.

 

Rex Mottram es el retrato típico de un trepa. Canadiense afincado en Inglaterra con mucho dinero, solo piensa en ascender socialmente y no se anda con contemplaciones para conseguirlo, tampoco para convertirse al catolicismo para poder casarse con Julia.

 

Nanny Hawkins es la niñera de la familia Flyte, la que los ha criado a todos en su tierna infancia y los ha formado poco a poco en la religión católica. La mayoría de los personajes le tienen un cariño inmenso y la consideran su verdadera madre. Resulta ser el refugio de la familia al que acudir en cada vuelta del camino de la vida, y la guardiana de la verdadera memoria familiar.

 

Lord Marchmain, el padre de la familia Flyte, es un personaje frívolo y vividor que abandona a su mujer e hijos para ir a vivir a Venecia, donde pasa sus años disolutamente, antes de volver enfermo para morir en la vieja Inglaterra.

 

Y finalmente Lady Marchmain, la madre de los Flyte, es caracterizada como una mujer muy rígida, de fuertes convicciones católicas. No tiene empatía para tratar con los miembros de su familia —es detestada por la mayoría de ellos— y muere con la amargura de pensar que ha fracasado en su tarea como madre y esposa.

 

Final de la novela y tema principal

 

El autor nos va presentando la evolución de la vida de cada uno de los personajes hasta un final que en la mayoría de los casos es completamente inesperado. El cenit de la narración es la escena en que Lord Marchmain, que ha sido un gran pecador toda su vida, yace enfermo y moribundo en una cama en Brideshead y los demás miembros de la familia están a su alrededor. Todos piden a Dios el milagro de que haga algún signo de arrepentimiento antes de morir y poder así recibir la absolución de un sacerdote católico que Julia ha llamado in extremis.

 

En el último momento, Lord Marchmain, que está prácticamente inconsciente, se santigua y con ello Julia recibe la gran alegría de ver a su padre morir en paz con Dios. Este hecho golpea fuertemente la conciencia de Julia y decide abandonar su deseado proyecto de casarse con Charles Ryder. Julia entiende que su sacrificio lavará sus culpas pasadas y le permitirá salvar su alma cuando a ella le toque recibir la postrera llamada del Creador.

 

Sebastian también muere en el seno de la Iglesia. A pesar de haber desperdiciado aparentemente su vida como un disoluto y un borracho, es querido por todos por su gran bondad.

 

El propio Charles Ryder pasa de ser un redomado egoísta, capaz de abandonar a sus hijos sin ningún escrúpulo para vivir con Julia, de la que se ha enamorado locamente, a convertirse asimismo al catolicismo, ya que en la última escena, como militar británico en la Segunda Guerra Mundial, vuelve a Brideshead y entra en la capilla de la casa y hace una genuflexión ante el Santísimo reservado en el sagrario.

 

En definitiva, como experimentó en su vida el propio Evelyn Waugh, el tema del libro es un estudio de la acción divina en el alma de las personas. La lucha entre la gracia de Dios y la libertad humana. La historia de la providencia.

 

Tomando la imagen de uno de los libros policiacos sobre el padre Brown, de G. K. Chesterton, autor de gran influencia entre los literatos británicos de la primera mitad del siglo XX, Evelyn Waugh considera que Dios lanza su anzuelo para pescar las almas de sus hijos, los hombres. Les deja llevar su vida y deja suelto el carrete de la caña de pescar. No obstante, cuando quiere, da un tirón y va recogiendo el hilo hasta que los atrae y los une consigo. El autor pone en boca de Cordelia Flyte esta imagen cuando trata de explicar a Charles Ryder que ella ya no busca convertirlo, sino que Dios lo hará con sus propios medios: “El padre Brown dijo algo así como ‘le cogí (al ladrón) con un anzuelo y una caña invisibles, lo bastante largos como para dejarle caminar hasta el fin del mundo y hacerle regresar con un tirón del hilo’”.