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Culture / Music
The XX: pop somnolent

The XX: pop somnolent

La historia de la banda The XX empieza en la casa de dos grandes amigos londinenses que juegan a crear sonidos camuflados en una profunda y desinteresada amistad. Sus componentes, Romy Madley –guitarra y voz– y Olivier Sim –bajo y voz– se cansan de afirmar que no existe ningún vínculo romántico entre ellos, por lo menos nada que exista más allá de una amistad de diecisiete años. Eso, sumado a que ninguno de los ahora cuatro componentes rozan los 21 años, da lugar a una jovencísima y prometedora banda que ha venido para quedarse sin apenas darse cuenta. 

Por aclamación, The XX se confirmaron con su debut como una de las revelaciones del 2009 con un único trabajo. Su primer disco se entendió como un artefacto extraño y seductor, mezcla de una especie de R&B gótico y de textura urbana con guitarras de ecos cálidos. Sin embargo, sus chocantes inocencias descubrieron a su vez el íntimo diálogo de dos voces que luchan sin enfrentarse, comprendidas como lo más incorrupto y puro que el indie actual ha dado en muchos años. Con todo, su ecuación se resuelve en un innovador pop somnoliento, el cual te obliga a cerrar los ojos y a explorar, como una especie de voyeur, en una intensa y compleja pérdida de inocencia, la cual no tiene mayor exhibicionismo ni artificios que lo puramente emocional.

 

Después de su primer álbum, titulado XX, la banda publicó en 2012 su segundo trabajo, titulado Coexist, como una inmunidad rematada. Que nadie los entienda como un dúo célebre de mejillas sonrojadas, sino más bien como la fiel promesa del pop detallista y los ritmos perezosos de dos artistas hábiles en trabajar los silencios. Coexist también posee la libertad de quienes pueden alejarse de la corrupción de la experiencia y, de nuevo, les acerca una fluidez suave, rotunda y absolutamente inspiradora con la mínima expresión, como un susurro inesperado con la luz apagada. Vuelve la oscuridad.