We use cookies to offer our visitors a comfortable and transparent experience when browsing our website. If you continue browsing, we consider that you accept their use. You can change the settings and get more information. More info
Default category
Xavier Amat: Alumni facilita formación permanente y una vinculación muy buena con la universidad

Xavier Amat: Alumni facilita formación permanente y una vinculación muy buena con la universidad

Antes de que la UIC fuera tal y como la conocemos hoy, estaba el INEDE (Instituto Europeo de Derecho y Economía). Y más anteriormente, el Instituto de Estudios Universitarios, el IEU. Xavier Amat (1961), presidente de Alumni UIC desde hace unos diez años, estudió Derecho en el más antiguo: “estábamos en Travessera, en un lugar que nos dijeron que era provisional: en principio debía ser por un año, sin embargo, de hecho empezamos y casi terminamos…; el último curso lo hicimos ya en Inmaculada, en el edificio que había sido un convento y que ya no existe”. Aquellos años fueron como la génesis de nuestra universidad, y hacían los exámenes por la UNED en una semana intensa, de lunes a sábado. “Cada día un examen final, y si tenías que recuperar alguno, podías llegar a tener uno por la mañana y otro por la tarde”. Era muy exigente y no todo el mundo llegó hasta el final: “ya fuera por eso, o porque muchos, pasado segundo, se iban a hacer las milicias, empezamos unos cuarenta y acabamos siete”. Era el año 1984, y hoy, Xavier, casado y con siete hijos, recuerda aquellos años con mucha ilusión y con una sonrisa de oreja a oreja.

 

La verdad es que, al ser tan pocos, éramos como una familia. De hecho, en junio del 84 nos examinamos tres y los otros cuatro, por diferentes motivos, acabaron en septiembre. Hoy todavía nos vemos muy a menudo en encuentros que se han ido haciendo aquí, en la UIC, y antes…”

 

Quién diría que acabarías siendo el presidente Alumni de una institución que tanto valoras.

Sí…, quién lo diría: parece que todavía les engaño… Han sido dos etapas, primero como asociación y después como agrupación, en total son casi diez años.

 

Tú no has tenido algo así: erais pocos. ¿Qué aporta ser de Alumni?

Yo creo que mucho. Es importante que haya siempre una vinculación con la universidad y eso lo facilita Alumni. La formación permanente es imprescindible. Alumni es una sede que otorga la posibilidad de hacer seminarios, conferencias, todo tipo de iniciativas y eso es muy bueno: estar vinculado al mundo académico. También por un aspecto más humano: encontrarte con los compañeros, recordar viejos tiempos… Eso es muy bueno. Además, la bolsa de trabajo que ofrece la agrupación, sobre todo en los primeros años laborales, es muy práctica. Creo que Alumni está haciendo un buen trabajo, con el Servicio de Orientación Profesional. Sólo hay que ver los índices de inmersión actuales, que es muy alta.

 

¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional?

Tuve suerte porque desde segundo ya trabajaba en el despacho de Sala-Reixachs, de Terrassa, donde vivía. Cuando terminé la carrera, me quedé ahí. Se llevaban casos del ámbito concursal y aunque me gustaba, quería ver otras opciones. Por ello, en el 88 me fui a Peat Marwick International (KPMG), donde me quedé tres años y medio, hasta que decidí embarcarme en un proyecto totalmente de cero. Fue un poco una locura: yo tenía 30 años y ya con cuatro hijos, pero me lancé un poco cual “llanero solitario”. Me asocié con un amigo de Sabadell y montamos nuestro propio despacho: el 1 de enero del 92. ¡Año olímpico! Hoy trabajo en un despacho que empezamos el 96, con Vidal Quadras. Llevamos sobre todo temas societarios.

 

Entonces, supongo que habrás vivido muy de cerca el tema de la crisis en la empresa.

Sí. Desgraciadamente la situación es muy dura. En el despacho notamos mucho los ciclos económicos, y este es especialmente grave, del que somos testigos directos. Gracias a Dios tenemos trabajo, pero también notamos que la actividad económica es muy pequeña y se realizan muy pocas operaciones, tipo fusiones, compraventas donde uno toma la iniciativa, etc.; en cambio, se cierran muchísimas empresas… Esto da pena.

 

Crees que la nueva ley concursal, ¿ha facilitado las cosas?

Nosotros no somos un despacho especializado en el derecho concursal, pero a pesar de todo hemos presentado bastantes concursos. Creo que, esta ha sido una ley más ágil, que pretendía poder reflotar las empresas, pero la gravedad de la situación ha hecho que apenas se hayan notado los cambios.

 

¿Cuál crees que es la causa de todo esto?

Bueno, siempre son una multitud de factores… Hace unos años, las cajas y los bancos tenían mucha fuerza y ​​querían colocar rápidamente el dinero de que disponían y terminaban haciendo cosas muy mal, por un abuso de confianza, tal vez. Hombre, ¡quién pensaba, en esos momentos que lo que nos presentaban como la cosa más segura del mundo, porque era muy barata, acabaría devaluando en un porcentaje muy inferior al valor que tenía entonces! Se vendían productos a gente que no tenía ni idea de qué estaba comprando realmente. “Es imposible que baje más de un 5%”, les decían. Hoy hay varias sentencias contra estas entidades: un par en Galicia, otra en Pamplona… Es lo que en inglés se llama la class action: una serie de acciones en contra de las entidades financieras porque se cree que se han hecho muchos abusos.

 

¿Se puede decir que actuaban de mala fe?

No lo sé. Yo siempre aplico la presunción de inocencia. Creo que fue más una dinámica que llevó a que se hicieran cosas no del todo prudentes. En aquel momento era todo muy sencillo y las prioridades no estaban bien ordenadas. Es lo que dice Leopoldo Abadía: el problema está en las personas y en su falta de honradez o de honestidad; de virtudes, al fin y al cabo. En aquellos momentos, el dinero era la prioridad y se actuaba sin ningún tipo de escrúpulo. La ambición del dinero te hace perder la racionalidad, la preferencia. Esto, al final, lo estamos pagando.

 

En Cataluña, tienen mucha tradición las empresas familiares, pero las cosas están cada vez más difíciles, ¿no?

Se facilitaron mucho con la exención del impuesto del patrimonio. Dicen que quizás lo vuelven a poner, pero no debe afectar al concepto de “sociedad familiar”. Me parece que Fomento del Trabajo y el Instituto de Empresa Familiar han hecho muy buen trabajo en cuanto a la profesionalización de este tipo de empresas y creo que se está garantizando la continuidad. Aunque es verdad que hay casos y casos: algunos que han sabido profesionalizarse muy bien, y otros que se han quedado por el camino. Pero me parece que aquel dicho que dice: “el abuelo la creó, el hijo en disfrutó, y el nieto la cerró”, ya no es así. Tenemos empresas familiares muy importantes aquí Cataluña: Puig, Gallina Blanca, Ficosa… Hemos mejorado mucho como concepto de sociedad familiar.

 

En otro aspecto, y aunque no sea propiamente de tu ámbito, ¿cómo ves la especialización de los juzgados, como los de lo mercantil?

Muy bien, la verdad. Muchas veces te encontrabas con la circunstancia de que era un juez de primera instancia que tenía, quizá, en una mañana un divorcio y luego una impugnación de un acuerdo social sobre un fusión importante, ¿no? Son mundos absolutamente distintos. La especialización me parece muy positiva. Lo que pasa es que es necesario que lo sea dentro de un orden. De entrada, me parece que la dotación presupuestaria que tenemos por el mundo de la justicia es muy escasa.

 

Hay una nueva ley de tasas…

De la que muchos están en desacuerdo ya mí tampoco me parece el sistema correcto, el que recientemente ha empezado a aplicarse. Hay que racionalizar el presupuesto de otra manera. Lo que hay que hacer es un mundo de la justicia mucho más atractivo, para que entren en ella a los primeros profesionales del derecho. Es decir, que la incorporación como juez sea un honor, un privilegio.

 

Otro tema es el hecho de que iría bien que los jueces fueran elegidos por los mismos jueces, y no por los políticos, ¿no te parece?

En este sentido sí creo necesario un cambio para conseguir la auténtica división de poderes: que la politización del congreso de los diputados no afectara al tema de la justicia. Eso sí sería una medida higiénica muy recomendable, pero ya se verá.

 

Hemos hablado mucho de la persona: ¿qué recomendarías a un alumno que salga de la UIC?

Efectivamente: si perdemos el norte y dejamos de pensar en lo que somos, acabamos haciendo cosas como la que nos ha llevado a la crisis actual. En la UIC, creo que, además de la calidad del profesorado, lo importante es cada uno, ya que una universidad es mucho más que sacar buenas notas. Todo esto, yo lo he vivido primero como estudiante y, desde el 84, también como profesor. Aquí, desde el primer año hasta el último hay una atención muy personal y creo que esto es muy importante. No sólo cuenta la formación académica, sino también la humana. Por eso les recomiendo que se hagan Alumni, que les ayudará a seguir vinculados a la universidad y a seguir recibiendo esta formación necesaria: es lo que veíamos al principio… Y después, les animo a que entren al mundo profesional con mucha ilusión. A pesar de todo, si uno trabaja bien, con ilusión y con ganas, sale adelante.

 
 
Desde Berna, Suiza