We use cookies to offer our visitors a comfortable and transparent experience when browsing our website. If you continue browsing, we consider that you accept their use. You can change the settings and get more information. More info
Features
«Calcio Storico»: brutalidad artística

«Calcio Storico»: brutalidad artística

David Ramos y David Airob. Dos fotoperiodistas y una inquietud: hacer el seguimiento de algo nuevo, fotografiarlo y explicar su historia, también de una manera nueva. ¿Por dónde empezar? Un día Ramos oyó hablar del “calcio storico fiorentino”: una peculiar disciplina deportiva venida de la lejana centuria del 1500 y que se practica en la ciudad de Florencia, Italia. Resultado: un mini-documental de diez minutos –un multimedia: fotografía, vídeo y música–, realizado en colaboración con otro profesional del sector: José Bautista, que se encargó del montaje, postproducción de sonido y composición de la música. Resultado: diez minutos que no dejan indiferentes.

 

Todo comenzó cuando David Ramos, volviendo en avión después de trabajar en un partido de fútbol en Bilbao, pensó que sería una buena idea hacer un reportaje de un deporte del todo curioso: el calcio storico. Quería hacerlo de una manera diferente, mezclando otras técnicas, no sólo la fotografía. Se trataba de hacer lo que hoy se conoce –y cada vez es más común– como el “multimedia”. Por ello, necesitaba la ayuda de alguien: él se encargaría de la fotografía, y la otra persona, del vídeo. Habló con David Airob y lo animó para su proyecto.

 

El calcio storico es una mezcla de fútbol, ​​balonmano y lucha libre. A primera vista suena a locura y, realmente, lo es. Más cerca de la lucha que del fútbol o del balonmano. No se parece a nada conocido ni imaginado. Cuatro barrios florentinos luchan por su honor, en una competición que tiene lugar tres días al año y que reúne a los hombres más violentos posibles y sin escrúpulos para luchar sobre un campo de tierra en la zona de la Santa Croce. Los equipos están formados por veintisiete hombres que, durante cincuenta minutos, luchan para defender el nombre de su barrio sin estar sujetos a casi ningún tipo de normas. De hecho, hay un árbitro, un maestro de campo y seis jueces de línea y, entre medio una pelota, que se puede jugar ya sea con los pies o las manos… Pero, a la hora de la verdad, es lo que menos importa. Los equipos deben luchar para salvaguardar el honor de su barrio. Y cuando hablamos de lucha nos referimos al sentido más literal de lucha porque, aunque hay que procurar introducir el balón en la portería rival –la medida del esférico es de fútbol–, la mayor parte de los calcianti –los jugadores del calcio, que así es como se conoce el fútbol en Italia– se dedican a golpear a los rivales para provocar el máximo de bajas en el equipo contrario. Y todo vale: puñetazos, codazos, cualquier tipo de arte marcial… Además, como no puede haber sustituciones, cuantos menos adversarios, más posibilidades de ganar.

 

Así de claro. Así de sucio. “Pero más allá de la imagen de violencia que transmiten cuando defienden sus colores –explicaba Ramos, hace poco, en la presentación que dieron a los alumnos del Postgrado en Periodismo Deportivo, en la UIC– son gente muy normal, con cargos públicos, hay abogados, filósofos o padres de familia”.

 

Vapuleo arriba, vapuleo abajo, los dos David viajaron hasta cuatro veces en Florencia, de enero a junio de 2013. Entre la primera estancia y la segunda pasó más de un mes. Solo hicieron algunas fotografías y tantearon el terreno porque no tenían ni contactos, ni la confianza de los líderes de cada barrio. Con el tiempo, sin embargo, y mostrándoles el trabajo que iban haciendo contaron con la aprobación de los integrantes para dejarles grabar y fotografiar cómo vivían, se entrenaban y se preparaban para el gran torneo de esa ciudad italiana.

 

Pero, ¡ay! ¡El tiempo!, que no siempre acompaña… El campeonato disputaba la final el día de San Juan –patrón de Florencia–, y por primera vez en los más de 430 años de historia que hace que se juega, se tuvo que suspender el encuentro que decidiría el campeón del 2013. Llovió tanto que hubo que aplazar la final al día 30. ¡Ironías tiene la naturaleza!: en una final tan bestia, no podía hacer acto de presencia la lluvia. Era necesario que fuese en seco. Entre la arena, el sudor y la sangre.

 

La vida de primera mano

 

Tanto Ramos como Airob comentaron estar muy satisfechos por el resultado del documental, aún conscientes del mucho trabajo que les supuso, tanto antes de grabar como especialmente después. Más allá de la competición, lo que querían los fotoperiodistas era transmitir hechos e historias que dieran sentido a un documental más personal. “Logramos introducirnos en las vidas de muchos de los calcianti, y conocerlos íntimamente. Éramos aceptados como dos más del grupo y esto queda claramente reflejado en el trabajo”, explicaba Airob.

 

La intención –lo veíamos al principio– era sumergirse en un proyecto innovador y trabajado hasta el último detalle. La motivación de este proyecto –decía David Ramos– no era la económica porque la cantidad gastada es demasiado elevada por lo que hoy en día pagan las productoras o televisiones para este género”. Para ello, a pesar de ser solo ellos dos quienes viajaban, grababan y fotografiaban el documental, buscaron la ayuda de Bautista, mucho más experto que ellos en el mundo de los videos. “Hoy en día no se trabajan los productos como antes, la calidad ha bajado mucho respecto a lo que se veía antes en muchas televisiones, y queríamos realizar un gran trabajo” –seguía explicando Ramos. Esta fue, y no otra, la razón que les llevó a realizar este proyecto, tratando de darle un aire lo más diferente posible a lo que hoy se puede encontrar.

 

Por otro lado, más allá del trabajo de grabación y edición encontraron muy enriquecedora la experiencia de trabajar en equipo porque “la vida de un fotoperiodista es muy solitaria”, como reconocen. Esta forma de colaboración en grupo les sirvió para plasmar la personalidad de cada uno en la obra.

 

Y el resultado es el que es, el que se ha buscado en este trabajo. Una calidad que se ve en cada fotograma, cada plano y cada fotografía; también en la música y en el sonido. En la presentación de la UIC, David Ramos admitió que les hubiera gustado mucho poder hacer el documental más extenso para usar muchas más historias, pero como uno de sus objetivos es presentar el trabajo en festivales, les recomendaron que no pasara de los diez minutos y así lo hicieron. Esto alargó aún más la postproducción porque Ramos tuvo que descartar más de 4.000 fotografías que había hecho en los cuatro viajes y terminar quedándose solo con doce, las que podemos ver el documental. De una brutalidad auténticamente artística.

 

* Carlos Luque es Alumni de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y alumno del Máster en Periodismo Deportivo.