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Cuando salí de Cuba…

Cuando salí de Cuba…

¿Qué motivos te pueden llevar a abandonar tu país, familiares, amigos, trabajo y aventurarte a vivir un futuro incierto lejos de tu hogar? Lourdes, Tere y Mª Rosa, tres historias diferentes pero todas con algo en común: Cuba.

 

Historia de un exilio

 

“Salimos mi hermana y yo en un barco, tardamos veintiséis días en llegar desde La Habana hasta Barcelona, vinimos solas y te diré por qué: mi papá estaba perseguido en Cuba, estuvo por dos veces preso”.

 

Lourdes Carmona era la hija de un reconocido profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, el doctor Carmona. Su padre había sido profesor de Fidel Castro y ya entonces se dio cuenta de que Fidel no era un estudiante más, sino un verdadero revolucionario. “Mi padre –cuenta Lourdes– era profesor de Fidel Castro, que ya entonces era líder estudiantil e iba con revólver en la cintura. Una vez mi padre le dijo: ‘mira a mi clase no entras con el revólver’ y Fidel le contestó: ‘profesor Carmona el caso es llegar, los medios no importan’”. Desde entonces quedó claro cuál era la posición de cada uno.

 

Más adelante, cuando Fidel llegó al gobierno y empezó a cambiar todos los cargos, quiso cambiar también al rector de la universidad y le propuso al doctor Carmona que fuera él el nuevo rector. “Pero mi padre le dijo que no, que eso era traición y que no había ningún motivo para cambiar al rector, que además era un gran amigo suyo, con quien tenía mucha confianza; además mi padre no quería ningún cargo político a cambio de nada. Estaba de acuerdo en que había que derrocar a Batista pero con ello no buscaba ningún beneficio político”, cuenta Lourdes.

 

A partir de entonces se entrevió que había un choque entre los intereses de Fidel y el profesor Carmona, y cuando el gobierno empezó a tener un cariz comunista –el profesor Carmona como hombre con cierto reconocimiento público, había sido asesor del Ministerio de Economía–, se declaró abiertamente en contra del gobierno castrista. “Hasta el punto –sigue contándonos Lourdes– de que hacía contrarrevolución. Como tenía contactos con las embajadas, las personas que estaban perseguidas llamaban a papá para ver cómo podían asilarse y así huir del país para que no los cogieran presos. En esta cuestión lo cogieron preso por dos veces”. Una de ellas por tratar de meter a uno en la embajada de Venezuela: “Llegaron por un lado mi padre y por otro el que se quería asilar, pero como el teléfono de mi casa estaba intervenido lo estaban esperando y lo detuvieron”, cuenta su hija.

 

¿Cómo salió de la cárcel? Haciendo uso de su profesión de derecho: “En la cárcel todo estaba en manos de los milicianos, gente que apenas sabía leer y escribir pero como llevaban el uniforme y la metralleta ya se sentían dueños del universo. Pero uno no puede estar en una celda más de setenta y dos horas sin ser juzgado y mi padre lo sabía. Así que cuando vio que pasaban los días y no lo sacaban, empezó a hablar reclamando sus derechos y diciendo que eso legalmente no era posible. Entonces los milicianos se asustaron y papá siguió insistiendo con el discurso legal, y el caso es que salió”. Lourdes añade además que su padre también tuvo suerte.

 

Después de su detención, el profesor Carmona se dio cuenta de que, según fuera pasando el tiempo, su situación se iba a hacer cada vez más complicada y que aquello no sólo afectaría a su persona sino a toda la familia. Así es como decidió que “las niñas” –como él llamaba a sus hijas– deberían ser las primeras en salir y las enviaría a España: “Para salir de Cuba entonces ya se había endurecido la cosa y había que pedir siete permisos, daba igual la edad que tuvieras”, recuerda Lourdes. “Como iban caducando, igual tú ya habías conseguido uno y entre que conseguías los otros siete el primer permiso ya había caducado, así que tenías que volver a empezar. Ésta era la manera que tenían de frenar el éxodo colectivo, si no hubiese sido muchísimo mayor de lo que fue”.

 

Pero su padre hizo uso de sus buenas amistades y pidió ayuda en España para que les enviaran un visado a la embajada española en La Habana. “Nos llamaron de la embajada de España diciéndonos que teníamos unos visados de parte de Madrid y que fuéramos a recogerlos, y así nos fuimos”. En España contactaron con las monjas del colegio al que iban en Cuba, que también habían tenido que exiliarse, y las acogieron hasta que sus padres pudieran reunirse con ellas. Pero no fue tan fácil, ¿cómo podría salir de un país comunista una persona que había sido encarcelada dos veces? Una vez más el profesor Carmona pidió ayuda a sus amigos, esta vez de las universidades de Sudamérica. Así es como consiguió una invitación de una universidad de Venezuela para impartir unas clases, de esta forma parecía que su marcha fuera sólo temporal. Pero por si acaso las cosas no iban como esperaban, su mujer y él salieron por separado hacia Venezuela. “Fueron cada uno por su cuenta y se encontraron en el barco como si no se conocieran”.

 

De esta forma, su padre estaba en Venezuela donde el bolívar entonces estaba a la par del dólar y con su trabajo en la universidad iba manteniendo a las niñas en España. Se reencontraban durante los veranos. “El primer verano vinieron ellos acá, el siguiente verano nos fuimos nosotras allá. Pero ya no hubo más veranos: aquél curso murió papá de un infarto. Su corazón no podía aguantar más”.

 

“Aun así, no puedo volver a Cuba. Estoy en la lista negra. No nos apellidamos Pérez, nuestro apellido es conocido, puede ser que si voy pase algo o no pase nada, pero no me la juego. A parte se me quedó muy grabado una cosa que decía mi padre, que para mí era un sabio: ‘cuando tú te vas de un país exiliado no puedes o no debes volver hasta que la causa de tu exilio no haya terminado, por honorabilidad’. Entonces, ¿Qué hago yo volviendo a Cuba? Sería como decir: ‘¡aquí no pasa nada, venga ya está!’ No. Pasa y mucho. Me da miedo volver, pero también tengo muy grabada la idea de mi padre”.

 

“Es muy duro el exilio. La gente que se va de su país porque quiere mejorar económicamente o por lo que sea se va porque le da la gana, pero cuando te tienes que ir por motivos políticos es muy duro. Me encantaría volver como la primera, y que mis hijos pudiesen conocer mi país. Ellos sí pueden ir porque son españoles, no tienen nada que ver y no aparecen en ninguno de sus papeles, nada de ‘nacidos en Cuba’; pero hasta ahora, como por un cierto respeto a su mamá no han querido ir”.

 

En busca de la libertad

 

“Nosotros salimos porque no había libertad porque no nos podían educar como mis padres querían”, cuenta Tere Llobera. Llegó a España en 1961, con sus dos hermanos pequeños. Entonces tenía 18 años. Su madre decidió enviarlos a Europa cuando vieron que el régimen de Castro se iba haciendo cada vez más totalitario. Ese año Fidel echó a los sacerdotes y religiosos del país y nacionalizó la educación haciendo que la enseñanza fuera pública. Entonces muchas familias enviaron a sus hijos fuera de Cuba. “Todos los que tenían un familiar fuera del país enviaban a sus hijos. Tú podías tener el dinero necesario –sigue Tere–, pero no lo podías pagar porque tenías que tener divisas –dólares– y, para ello, tenías que cambiar moneda, y te podían descubrir y detenerte. Tus familiares tenían que pagarte el pasaje. Por eso la gente iba a Estados Unidos, a Miami o aquí a España”. Así casi la mayoría de la gente que tenía familia allende las fronteras cubanas, emigró. “Nosotros nos fuimos un poco pensando que íbamos a volver, porque creíamos que lo de Castro sería sólo unos meses. Después viendo que aquello no mejoraba sino que iba a peor, mi madre y mi abuela vinieron cuatro años más tarde. Allí se habían quedado al principio para mantener nuestra casa, ya que nos lo habían quitado todo: el negocio, la finca, todo lo habían nacionalizado pero la casa donde vivíamos aún la teníamos porque ahí vivían mi madre con mi abuela”.

 

Cuando Fidel tomó las riendas del país, la situación familiar de los Llobera cambió: “nosotros no teníamos nada que ver con la política. Mi padre era un industrial dueño de una fábrica de conservas, un negocio familiar en el que trabajaba desde jovencito con sus hermanos. Es decir, nada que ver con la política. El problema es que en un régimen comunista las leyes van encaminadas a que todo el poder lo tenga el gobierno. Así que se fueron quedando con todo: primero las empresas extranjeras y luego las nacionales y, de éstas, nacionalizaron primero las más grandes y luego las más pequeñas. Al final, entre estas últimas, estaba la de mi padre”. Además, sigue contando Tere, “en el año 1961, poco tiempo después de llegar Castro al gobierno, ya se veía una enorme falta de libertad. Tú no te podías expresar como querías, en las calles, en cada barrio había esos ‘comités de barrio’ que te estaban vigilando; sabían perfectamente dónde entrabas, de dónde salías, lo que hablabas, lo que no hablabas, las reuniones y todo eso. “Esto es lo que determinó la salida en masa de la gente joven, el miedo de los padres a no poder educar a sus hijos como querían”.

 

La realidad

 

Así es como decidieron venirse a España. Pero cuando ella y sus dos hermanos llegaron se encontraron con que el nivel de vida aquí era mucho más bajo que en Cuba. “Llegué un día al metro –recuerda Tere– y me sorprendió ver que todo el mundo llevaba un paquetito envuelto en papel de periódico. ‘¿Qué llevarán ahí?’, me preguntaba. Al final, supe que era el bocadillo: ¡El bocadillo en papel de periódico! En Cuba ya teníamos papel de aluminio desde hacía mucho tiempo. Con el paso de los años, las cosas fueron mejorando aquí, pero, bueno, muchas cosas que ahora ya hay aquí –cornflakes, pan bimbo, etc.– ya lo teníamos en Cuba. Claro que aquí se pasó una guerra y costó mucho rehacerse”. De hecho, también recuerda cómo en Cuba vio la llegada de Fidel Castro a La Habana por televisión en color, y cuando llegó a España se encontró que los televisores se estaban empezando a instalar en los hogares y todavía la imagen era en blanco y negro.

 

Algunos cubanos prefieren no hablar de la situación política que se vive en su país. Tere explica que los que no quieren hablar es porque hace poco que han llegado o bien tienen miedo de hablar porque tienen familia allí aún. “Si han venido aquí es por algo, porque allí hay algo que no le gusta, normalmente la falta de libertad. Allí tienes que hacer todo lo que el estado te dice”. En su caso, “de la situación política de Cuba, sólo he hablado una sola vez en mi vida. No me gusta primero, porque me entristece, y luego porque ves que la gente no se hace cargo exactamente de lo que hay allí. Se creen que tampoco es para tanto”.

 

cubapobre

 

País natal: Cuba

 

“El cubano es muy de su tierra” afirma Mª Rosa Parera Coll. “Por eso muchos se marchan a Miami porque desde allí se ve Cuba”. El impacto del cambio de nivel social, también lo explica Mª Rosa, aunque su historia es un poco distinta. Su bisabuelo materno, Pere Coll i Rigur, era uno de tantos españoles que fueron a “las Américas” a hacer fortuna. Años más tarde volvería a su país de origen. Así la familia fue creciendo siempre yendo y viniendo del país caribeño. Hasta que finalmente, cuando empezó la guerra civil, la madre de Mª Rosa se volvió a Cuba aprovechando que tenía la doble nacionalidad. Por otro lado, su padre huyó de la guerra civil desde Ripoll, primero a Europa y luego a Cuba.

 

Allí sus padres se conocieron y se casaron y allí nació Mª Rosa y su hermano. Pero la familia Parera no se instaló en Cuba de forma definitiva ya que por negocios viajaban cada cierto tiempo a España, y por este motivo decidieron enviar a los hijos a estudiar a España, pensando que allí recibirían una mejor educación. Finalmente, en 1959 cuando llegó Fidel Castro al poder y la familia se quedó sin propiedades, decidieron volver a España definitivamente junto con el resto de primos y demás familia. Mª Rosa conservó la nacionalidad cubana hasta los 15 años y nunca perdió el deseo de volver a su país natal, donde ella recuerda que vivió hasta los 8 años.

 

A diferencia de Lourdes y Tere, Mª Rosa sí ha podido volver a Cuba, pero siempre de turismo. “Hemos vuelto casi todos, la primera fui yo porque estaba empeñada, pero hemos vuelto de viaje, de turismo, con muchas dificultades, especialmente los tres primos mayores porque éramos nacidos en Cuba”, recuerda Mª Rosa. Pero desde que se marcharon las cosas en Cuba han cambiado. “La situación allí es muy precaria, el nivel de vida ha cambiado totalmente porque aquello era Estados Unidos. De hecho, cuando mis padres volvieron a España se les cayó el alma a los pies porque allí por ejemplo había penicilina y cuando me puse aquí muy enferma se encontraron que comparado con lo que tenían en Cuba, aquí no había nada. Allí es que había de todo”.

 

La gran mentira

 

En uno de estos viajes, decidió ir a su antigua casa para ver qué quedaba de ella. “Llegué diciendo que yo había vivido allí –explica Mª Rosa– y como todos los cubanos son encantadores, son muy abiertos y acogedores, entré. Realmente me impresionó muchísimo porque me acordaba de todo, pero estaba absolutamente destruido. Nuestra casa era una torre no muy grande, en la que nosotros teníamos los bajos alquilados y vivíamos en los altos. Cuando entramos le decía a mi marido: a la derecha, el despacho de papá, a la izquierda, la habitación de la abuela, y entramos y a la derecha era una cocina”. La familia que vivía allí lo había cambiado.

 

“Ahora está todo que se cae, realmente unas casas preciosas que se caen, excepto, claro, el rincón de Fidel: no te dejan ir a su barrio –que antes se llamaba Country Club y ahora se llama Cubanacan–, a menos que tengas un pase, que seas español, o un canadiense de esos que van allí porque tienen sus clubs privados… Y por ejemplo, en la quinta avenida que era una de las calles más importantes de La Habana, no te dejan ni parar porque es por donde pasa Fidel y tienes que ir a una determinada velocidad”.

 

Mª Rosa comenta la situación actual de Cuba. Habla sobre todo de la falta de libertad de expresión y de la información imparcial que existe. “Un ascendiente de la familia de uno de mis primos fue el fundador del Diario de la Marina que era el mejor diario de ahí. Tan pronto como llegó Castro, lo cerraron. Ahora, sólo funciona el Granma, y otro que se llama Juventudes Socialistas, para jóvenes. Socialmente, han igualado a todo el mundo para abajo, excepto los que viven muy bien, los amigos de Fidel.

 

“Además –sigue contando Mª Rosa– todo el mundo vive muy engañado: hace cuatro años hicimos un viaje maravilloso. Si vas a Cuba de turismo, te preparan un viaje muy completo vas a un hotel donde te puedes bañar, te ponen la pulserita, y te dan una vuelta por La Habana, una vuelta por las playas, y te mandan al Tropicana”. Pero para ver Cuba y salir del recorrido establecido tienes que hacer muchas gestiones. Mª Rosa tuvo suerte y gracias a unos amigos consiguió llevar a su grupo a ver un poco más, entonces vieron la gran desproporción que existe entre los turistas y los cubanos. “Los turistas ahora tienen mucha cosa y el pueblo no tiene nada”. Algunos cubanos incluso piden a los turistas que les compren cosas en sus tiendas a las que no pueden entrar porque ellos funcionan con cartilla de racionamiento.

 

Un futuro incierto

 

¿Qué sucederá en Cuba, con la desaparición de Castro? Algunos ven un futuro esperanzador, otros no lo tienen tan claro, pero parece que en general nada va a cambiar demasiado mientras esté su hermano Raúl al mando. Uno de los factores más importantes es que la educación que los jóvenes están recibiendo es totalmente marxista, además de que estos jóvenes cubanos no conocen y no tienen medios para conocer otra cosa que lo que siempre han vivido: la revolución de Castro.

 

¿Es posible que los cubanos se revelen para acabar con el régimen? “El problema –opina Lourdes– es que actualmente los que están en Cuba han nacido con su ideología, no conocen otra cosa. Únicamente los que estamos en el exilio haríamos posible un cambio, y mayoritariamente los del exilio de Miami, que son los más activos, pero los que están en Cuba no. Es posible que una minoría de los que viven en Cuba se revelasen, pero la gran mayoría –y la juventud y los que actualmente puedan estar en las cosas que suceden en el país, la gente de 30 y 40 años–, han nacido con la realidad de la revolución, del comandante, y con su lavado de cerebro”. Además Lourdes también dice que no se trata sólo de que muera Fidel sino también de que países como Canadá, Francia o España dejen de mantenerlo con sus negocios de turismo, para que el régimen castrista se encuentre sin el respaldo internacional y así no pueda subsistir de ninguna forma.

 

Mª Rosa responde de forma parecida “en realidad no se sabe qué va a pasar cuando Fidel muera porque son muchas generaciones así educadas, es gente que no ha tenido acceso a otra información. Además hay que distinguir entre la gente de la ciudad que tiene trato con los turistas, que no tiene internet pero tiene acceso a información de fuera, de los campesinos que es gente que realmente se morían de hambre en la época de Batista y ahora al menos comen. Por eso la gente del campo suele ser muy ‘fidelista’”.

 

Tere piensa en cambio que no todo está perdido, aún se oyen protestas dentro de Cuba: “Realmente desde fuera no sabemos lo que pasa. El problema es que no hay libertad de expresión, ni libertad de prensa, y los disidentes en cuanto se pronuncian contra algo van a la cárcel, pero en realidad sí que se oyen voces de dentro”.

 

*****

 

Al terminar este reportaje, Fidel Castro aún vivía.

 

Hace pocos días, Raúl Castro salió delante de las cámaras de la televisión cubana para anunciar la muerte del “comandante jefe de la Revolución cubana”. Íbamos a publicar este artículo, y Castro –el hermano–, dio este mensaje que no todo el mundo esperaba: “Con profundo dolor –dijo– comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016 a las diez y 29 horas de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Rus. En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de mañana sábado 26. La comisión organizadora de los funerales brindará a nuestro pueblo una información detallada sobre la organización del homenaje póstumo que se le tributará al fundador de la Revolución Cubana. ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!”. Ni una referencia fraternal. Ni una lágrima. El fin de una etapa.

 

“Aunque no quisiera, soy pesimista, como casi todos, por no decir todos los cubanos –reconoce Lourdes–; incluso los que aún sufren en su carne la dictadura férrea del comunismo castrista”. La cuestión no es tan sencilla.

 

Los países habían empezado ya a abrirse más al país caribeño. “La sorpresa de la visita de Obama a Cuba abrió expectativas a todos los niveles –sigue explicando Carmona–, pero los cambios no están siendo los esperados. La Unión Europea ha puesto fin a la posición común europea hacia Cuba que exigía respeto a los derechos de los cubanos; pero esto solo beneficia al régimen, por la posibilidad de inversiones a las que solo tiene acceso la clase dirigente porque por ley impide a la población ser propietario de los medios de producción. Se ha beneficiado exclusivamente la dictadura cubana”.

 

Pero Obama no habló de libertades. “Todo son intereses: facilidad en abrir negocios, para los viajes de turismo… Obama sabía que nunca dejarán el poder por medios pacíficos”. Y, ahora, Trump, amenaza con romper el deshielo.

 

¿Tiempos de cambios? La historia está por escribirse. Lo que sí es cierto –se lamenta Lourdes– es que “no podemos pasar por alto el comentario de Raúl Castro una vez terminado el discurso de Obama de que en la Constitución Cuba es un país socialista y lo seguirá siendo”.