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Cuidar bien; investigar bien

Cuidar bien; investigar bien

Con motivo del Año de la Enfermería que la UIC celebró en 2012, se publicó un libro titulado Cuidar: arte y ciencia. Reflexiones sobre la Enfermería del S. XXI. La primera parte del título resume a la perfección el binomio en que se mueven a diario los profesionales de la Enfermería al realizar su trabajo: cuidar.

 

Desde la revista +1 hemos querido sacarle punta a ese doble aspecto y concretamente hemos querido ver cómo influye la ciencia en el arte. Para ello, hemos conversado con tres enfermeras con un doble perfil: el asistencial, por una parte, y docente e investigador, por otro. Además, las tres desempeñan cargos en direcciones y coordinaciones enfermeras y han cursado un máster en investigación en esta profesión. Son Maribel Estellés, coordinadora de enfermería en el Hospital Platón de Barcelona; Carme Tusquellas, directora de enfermería de la Fundació Privada Hospital Asil General de Granollers y Maria José Casas, directora gerente de la Fundación Privada Obra Social i Benèfica de Castellar del Vallès, residencia que atiende a personas mayores en situación de dependencia.

 

Cuidar, un horizonte sin límites

 

Está claro que el cuidado constituye lo más esencial de la profesión enfermera y, en palabras de María José, “es extremadamente complejo cuidar”. Pero, ¿qué es cuidar, realmente? Es entrar en una habitación e interesarse por un paciente, pero es mucho más. Tan solo eso es la punta del iceberg. Es la promoción de la salud en la población sana, la prevención, el ámbito asistencial. “Hay que saber cuidar personas ante situaciones muy específicas de su vida, o de ámbitos culturales diferentes, o bajo políticas y recursos determinados” explica María José. Son muchos, los aspectos presentes en esta tarea: el físico, el psíquico, el social, el espiritual. Tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Además, todo ello tiene un aspecto docente importante: saber cuidar, saber acompañar y enseñar y empoderar a los pacientes para el autocuidado.

 

Mucho de arte; y también mucho de ciencia. “No se puede cuidar bien si no sabemos cómo hacerlo”, asegura María José. Investigar y saber cuidar van de la mano. “Todas las acciones  que lleva a cabo una enfermera –sigue explicando la enfermera de Castellar del Vallès– deben estar basadas en la evidencia científica, y no en creencias, costumbres o el omnipresente ‘aquí siempre se ha hecho así’”. “La metodología científica –interviene Carme– es necesaria e imprescindible para poder cambiar y mejorar”.

 

De alguna manera, por tanto, se puede decir que el cuidado, por la  visión caleidoscópica que el profesional enfermero tiene de la realidad sanitaria, de la persona o de la comunidad, puede tener tantos ámbitos como ámbitos tiene la persona o comunidad concreta. Y eso implica una investigación de un sinfín de aspectos: “Hay que investigar –afirma nuevamente María José– para idear políticas de salud y para validar, por ejemplo, un sistema de comunicación en pacientes con Alzheimer”.

 

En el Departamento de Enfermería de la UIC, por ejemplo, hay cinco líneas de investigación: atención al final de la vida; salud pública; atención y cuidados enfermería (generales, envejecimiento y cronicidad); gestión y educación médica. En definitiva, el cuidado siempre está presente. Y en un cuidado de calidad, con evidencia científica, también lo estará la faceta investigadora.

 

Enfermería e investigación: un largo camino por recorrer

 

A simple vista, podría parecer que no hay nada raro en todo esto: la Enfermería es una ciencia, nadie lo discute. No obstante, históricamente hay factores que han dificultado que esta idea cale, y sobre todo, que se perciba como una realidad. Si bien se trata de una profesión que se remonta a tiempos inmemoriales, es una disciplina que entró hace relativamente poco en la universidad. En 1978 se instaló en las aulas como titulación de grado medio –conocido como diplomatura– y, por tanto, como una titulación sin acceso directo al grado de doctor, al que sólo se podía acceder a través de otras titulaciones de grado superior. En 1999, con el inicio del Espacio Europeo de Educación Superior, se empezó a trabajar desde las universidades cómo debería ser el futuro de la nueva titulación, que no fue una realidad en nuestro país hasta 2006, con la implantación de los másteres universitarios y, en 2009, cuando se empezaron los grados.

 

Estos diez largos años de preparación de los grados fueron un periodo de toma de conciencia de la profesión y de reflexión sobre cómo deberían ser los titulados a partir de ese momento. Entre los responsables de las facultades y escuelas de enfermería se impuso en primer lugar un gran reto docente, académico, pero también se abría un panorama insospechado hasta ese momento: el acceso directo al doctorado.

 

Actualmente, la investigación en este campo se encuentra en sus inicios. Fuera del ámbito académico, pocos profesionales de la Enfermería investigan: aunque son cada vez más numerosos, aún pocos se lo plantean. En esta última década –en realidad lustro– en los centros asistenciales se está viendo una creciente concienciación de la necesidad de incorporar la investigación enfermera; y concretamente, el papel de la enfermera que realiza investigación y que la gestiona.

 

Realidad y retos

 

“Es muy importante dar este paso en la profesión, pero aún no somos plenamente conscientes de ello”, objeta María José. Si bien la investigación en salud, en el ámbito académico, está enraizando con fuerza, en el práctica asistencial cree que no se le da importancia. Maribel opina que el problema es que “no se conoce, que las instituciones sanitarias pocas veces poseen cultura de investigación enfermera y por lo tanto no la integran como parte de la labor asistencial”, cosa que sí ocurre con otros colectivos. “La peor barrera –apostilla Carme, confirmando lo que decía Casas– somos las propias enfermeras: la competencia en investigación todavía se percibe como una actividad de élite al alcance de muy pocos”. Ella también coincide en la dificultad añadida que representa, porque históricamente no se ha integrado con normalidad entre las tareas propias, y ello hace caer en el desánimo a muchos y muchas profesionales que lo intentan, por el esfuerzo añadido que supone.

 

La investigación médica o la farmacológica están bien aceptadas en la práctica clínica, pero, según Maria José “hay enfermeras que participan y colaboran interdisciplinariamente en esos trabajos, pero no es, ni suele repercutir como investigación sino como colaboración en el proceso de datos. Tampoco los resultados de esas investigaciones tienen como objetivo impactar en la mejora del cuidado”.

 

Vistas las dificultades –desinterés y desconocimiento; falta de cultura de investigación en el sistema; falta de autoestima como profesión; falta de mecanismos y recursos–, queda por ver los retos y las propuestas que nos apuntan nuestras tres interlocutoras. “Aunque no todos los profesionales de la enfermería lleguen a publicar o se dediquen a la investigación –asegura la primera–, la actitud investigadora debe existir”. He ahí el reto. “Los nuevos planes de estudios –interviene Maribel– incorporan en su currículo competencias relacionadas con la investigación, pero un amplio número de profesionales de este país no ha recibido estos conocimientos en su formación”. “El objetivo –comenta Carme, como directora de enfermería de un hospital– es trasladar esa inquietud a todo mi colectivo”.

 

Pero no es fácil. ¿Por dónde empezar? Hay una barrera mental que quizá ya está superada; ahora es el momento de la formación que, como reconocen las tres enfermeras, tiene un coste elevado: en dinero, en horas, en el día a día. Formarse específicamente en el campo de la metodología científica, promover la reflexión, el análisis, la valoración, la necesidad de obtener resultados y saberlos manejar repercute en la mejora de la atención al paciente.

 

Hay que formarse: es primordial. “Profundizar sobre todo en investigación cualitativa”, apunta Carme. “Es necesario conocer las herramientas propias de la investigación científica, saber investigar”, asegura Maribel. “Mi primer objetivo –sigue la enfermera del Hospital Platón de Barcelona– fue formarme en investigación para estar al nivel que nuestra profesión requiere”. Y luego de la formación es necesaria la motivación, ya que la investigación tiene algo de vocacional. Hay que tener gran voluntad para investigar por las dificultades que van asociadas a esta actividad: las instituciones sanitarias, en muchos casos, no proporcionan el apoyo sanitario y, en este sentido, Carme aconseja no ser excesivamente ambiciosos en los primeros trabajos, ya que es mejor gestionar el éxito que los fracasos.

 

Tener experiencias que despierten la inquietud y el interés para demostrar lo que hacemos, por qué lo hacemos, cómo lo hacemos y con qué resultados. Así se mejora y se hace visible el valor de la investigación enfermera.