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Las heridas abiertas de Srebrenica

Las heridas abiertas de Srebrenica

“Hay muchos desaparecidos que aún no se han encontrado”, sostiene el alcalde de Srebrenica, Camil Burakovic. Esta ciudad de 7.000 habitantes está situada en el noreste de Bosnia-Herzegovina, casi en la frontera con Serbia. Burakovic está sentado en su despacho del ayuntamiento; su teléfono no para de sonar. Es justo el día antes de la conmemoración de la matanza de Srebrenica –ocurrida en el no muy lejano 1995–, en la que murieron 8.000 bosnio musulmanes a manos de las tropas serbo-bosnias, bajo el mando del general Ratko Mladić. Cada 11 de julio se celebra, en el Memorial situado en Potoçari, un acto en el que se entierran los nuevos cuerpos hallados en fosas comunes. Los restos que se siguen encontrando en la actualidad pertenecen a las víctimas del genocidio. En la actualidad, ahí están enterrados más de 6.000 personas.

 

Burakovic es alcalde desde el año 2012. Él mismo sobrevivió a la matanza: contaba solo 16 años. Reconoce que las jornadas anteriores al 11 de julio son las más ajetreadas del año. El día 9, dos días antes de la conmemoración, llegan los cuerpos desde Sarajevo a Srebrenica en unas furgonetas, y se depositan los féretros en una nave situada a escasos metros del Memorial. Los familiares acuden a este lugar tras la llegada de la furgoneta con el fin de velar a las víctimas. Cada féretro está cubierto por una tela verde, de acuerdo con la tradición islámica, junto con un número y el nombre del fallecido.

 

Este año se han enterrado 175 cuerpos. En 2010, fueron sepultadas 775 víctimas. Esta bajada significativa del número de cuerpos encontrados tiene la lógica explicación basada en que cada vez hay menos fosas por encontrar y, por ello, menos víctimas que enterrar. Burakovic no niega esta afirmación, pero considera que el número de cuerpos sepultados depende, ante todo, de las familias: “Cuando se encuentra un nuevo cuerpo se llama a la familia para preguntarle si quieren enterrar los restos. Lo que pasa es que se van encontrando restos poco a poco y muchas familias no quieren que se entierre a su familiar hasta que se tenga su totalidad”. Los años pasados fueron más familias las que aceptaron la sepultura de sus seres queridos. “Por eso este año hay menos personas enterradas, porque hay familias que siguen esperando encontrar más restos”.

 

La conmemoración reunió a las altas esferas políticas del Gobierno de la Federación Croata Musulmana de Bosnia. Junto con la República Serbia, forman las dos entidades existentes en el país, creadas a través de los Acuerdos de Dayton en 1995. La Federación Croata Musulmana está habitada por una mayoría de bosnio-croatas y bosnio-musulmanes (bosniacos), mientras que en la República Serbia viven en su mayoría serbo-bosnios, de religión ortodoxa. Estas tres comunidades fueron las enfrentadas durante la Guerra de Bosnia (1991-1995).

 

A pesar de la importancia histórica del evento, el día 11 de julio no acude ningún miembro del gobierno de la Republica Serbia. Las tropas serbo-bosnias fueron las responsables de la matanza que se cobró la vida de esas 8.000 personas, en su mayoría varones. Pero una parte de la comunidad serbo-bosnia no reconoce la matanza de Srebrenica como un genocidio. Sostienen que el número de víctimas es menor del que se ha afirmado estos últimos años. Asimismo, piden que se condenen los asesinatos perpetrados por las tropas bosniacas durante la guerra. El día después de la conmemoración en Potoçari, se celebra en las inmediaciones de Srebrenica un acto en el que se recuerdan a las víctimas serbo-bosnias. Denuncian que la comunidad internacional y los medios de comunicación que cubrieron la guerra silenciaron estos asesinatos; y reclaman que se condenen a los culpables. En el lugar en el que se celebra el acto se ha construido un Memorial donde están enterrados los restos de las víctimas asesinadas por las tropas bosniacas… restos que corresponden a 35 víctimas.

 

Burakovic tiene que lidiar en la actualidad con estos problemas que afectan a su pueblo. Afirma que su trabajo es ser alcalde de todos los habitantes de Srebrenica, a pesar de que le votaron en su mayoría musulmanes. Uno de sus puntos más importantes es fomentar nuevas políticas de convivencia entre bosniacos y serbo-bosnios.

 

No obstante, denuncia la poca ayuda que recibe del Gobierno central: “Si no obtenemos estas donaciones, no podemos hacer gran cosa. Nuestro presupuesto es pequeño y todo quedó destruido durante la guerra”. La fractura social a través de la guerra aún es palpable en Srebrenica. El alcalde sigue empeñado en mejorar la situación, pero reclama esta ayuda necesaria. A pesar de ello, piensa que la situación no puede más que mejorar.

 

Un 75,20% de los habitantes de Srebrenica antes de la guerra eran bosniacos. En 2005, el número descendió hasta un 40%. Muchos musulmanes decidieron no volver a su ciudad de origen después de la guerra. Al margen de los motivos personales, Burakovic le da mucha importancia al hecho de que Srebrenica se encuentre en la Republica Serbia, que se ha convertido en “exclusiva para la comunidad serbo-bosnia” a través de sus políticas. En la actualidad, nadie sabe el porcentaje de serbo-bosnios y bosniacos que viven en el municipio.

 

El ayuntamiento de Srebrenica impulsó después de la guerra una nueva ley que permitiera votar a sus antiguos residentes, que habían decidido abandonar la ciudad tras el conflicto. De esta manera, las personas podían votar al nuevo alcalde a pesar de no estar registradas ni empadronadas en el municipio. Esta medida fue motivo de gran controversia, ya que la mayoría de personas que abandonaron Srebrenica formaban parte de la comunidad bosniaca, y los serbo-bosnios consideraban injusto votar al alcalde de una ciudad a la que ya no pertenecían.

 

Burakovic afirma que ésta es la situación que la comunidad serbia quiere hacer creer a la población pero que, en realidad, es justamente lo contrario. “La verdad es que vienen más serbios que musulmanes a votar. Ellos pueden tener la doble nacionalidad (la bosnia y la serbia). Cruzan la frontera y en quince minutos ya están aquí, votan y se vuelven a Serbia. Como bosniaco, solo puedes tener un documento de identidad”.

 

Le preguntamos cómo ve su ciudad dentro de veinte años. “Espero que en hayamos podido arreglar los problemas con el Gobierno y que Srebrenica haya evolucionado y se haya convertido en un lugar en el que todos puedan y quieran vivir. Espero que el Memorial de Potoçari no sea el único aliciente para venir aquí, sino que tengamos más cosas que ofrecer”.

 

 

[* Mónica Redondo (Per’14)]