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«Quiero ganar, pero si no lo consigo, dejadme ser valiente en el intento»

«Quiero ganar, pero si no lo consigo, dejadme ser valiente en el intento»

Cuando se terminan unos juegos olímpicos toca hacer balance. Económico: los de Londres, costaron cerca de 16.000 millones de euros, lejos de los 40.000 de los más caros de la historia, los de Pekín. Dicen que ya se han recuperado. Y personal: hay otro tipo de “costes”, mucho más elevados, que se adquieren con el esfuerzo y son de mucha más larga duración. Equilibrio, madurez, ilusión…: una serie de virtudes que se pueden obtener en el deporte –como si fuera una escuela– y uno puede aprender de los grandes deportistas. O no: dependerá del “monstruo que todos tenemos dentro y debemos aprender a controlar, el ego”, asegura Ander Mirambell, deportista de élite de skeleton, primer olímpico español en esta especialidad.

 

Javier Marcet (presidente de la Fundación Marcet) / Jaume Figa

 

A la hora de participar en competiciones deportivas, donde uno puede mostrar su yo más personal y puede llegar a ser muy admirado, hay que tener las cosas claras para seguir con los pies en el suelo. “Cada medalla o resultado –dice Ander Mirambell– es una consecuencia del trabajo bien hecho: el día de mañana, las medallas se llenarán de polvo y me quedaré con las vivencias, experiencias, la gente que he conocido, lo que he aprendido”… Y ya está.

 

¿Y qué es lo que aprende? Valores como el talento o la ambición, los que surgen de la amistad y del compañerismo, la constancia, el sacrificio… “La herramienta más educativa que he tenido es el deporte –dice Pep Guardiola, ex entrenador del Barça, en los vídeos filmados por el Banco de Sabadell, “conversaciones sobre el futuro”–; he aprendido a aceptar la derrota, a ver que otro es mejor que yo; que al que manda y me dice ‘hoy no juegas’ tengo que hacer caso porque sé que he tenido un mal comportamiento; he aprendido que hoy me esfuerzo por ti y mañana él se esforzarápor mí… Y, como entrenador, he aprendido que mi tarea consiste en conseguir sacar lo mejor de cada uno de mis jugadores, porque sé que me lo pueden dar”.

 

Pero no es coser y cantar, eso: tiene su tiempo y, sobre todo, el esfuerzo. “Es como el skateboarding –explica Pep Marí, psicólogo del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat (CAR)–: te impulsas con el pie, pero en el momento en que dejas de tocar el suelo, empiezas a perder fuerza. No puedes parar nunca. Has de saber organizar, saber el tiempo que tienes para cada cosa, valorar cuáles son las prioridades”. Por ello, el deporte practicado desde jóvenes, puede ser una auténtica escuela. Un deporte muy enfocado en que se destaquen el sacrificio, el trabajo, el espíritu de superación, la búsqueda de soluciones, la aceptación de unas normas, el respeto, el hecho de adquirir el sentimiento de formar parte de un equipo, el aprendizaje de aceptar la derrota o el fracaso…

 

Modelos a seguir

 

Los más pequeños buscan referentes con quien poder verse reflejado y a quien poder imitar. De todos modos, hay que ser conscientes de la naturaleza ambivalente del deporte. La práctica deportiva puede ser una fuente de educación, de salud, de integración, pero también puede ser motivo de ignorancia, enfermedad, violencia y exclusión. Desgraciadamente, la mayor parte de los niños que practican un deporte están dirigidos por personas que no saben absolutamente nada de toda esto. Y sin embargo, estos niños están en el mejor momento y situación para poder adquirir unos hábitos o valores a través del deporte que practican. En definitiva, están perdiendo la mejor oportunidad de su vida de aprendizaje, algo esencial en su formación integral.

 

Por otro lado, a menudo los deportistas de élite no son el modelo deportivo ni profesional que desearíamos para los jóvenes, sino más bien lo contrario. Por ello, un proyecto de formación en valores a través del deporte significa, por parte de los que intervienen, una dedicación de tiempo y de esfuerzo considerable. Hay que estar dispuestos a implicarse y a mostrar cuáles son los modelos correctos a seguir. No puede ser verdad que el único valor válido es el que tiene o se forma cada uno, sin más. Como decía hace poco el periodista Pedro J. Bosch en un artículo publicado en El País (31 de agosto 2012), “¿quién puede fiarse hoy de un prójimo por el tobogán del sálvese quien pueda, que no vacila a la hora (…) de incumplir la palabra dada, alardear de camuflaje tributario o deshacerse de su pareja como si fuera un kleenex usado?”.

 

Existen los valores universales que nos hacen admirar la integridad o no de una persona. Y el deporte es un medio educativo extraordinario para esta formación que, a menudo, desaprovechamos. Fundamentalmente el problema radica en el hecho de no darse cuenta de que el deporte tiene una finalidad como juego que es ganar. Pero si se enfoca como la única finalidad estamos perdidos porque la competición deportiva se convierte en un campo difícil, donde sólo se busca derrotar al otro como sea. En cambio, si es un medio para seguir mejorando, cuando se pierde, no pasa absolutamente nada porque esta derrota nos lleva a reconocer nuestros errores para continuar mejorando. ¿Qué es eso, sino, hablar de valores?: humildad, espíritu de superación, esfuerzo, respeto… En realidad, el deporte no educa en valores, todo depende del uso que se haga.

 

Más allá de la competición

 

Xavi Hernández, centrocampista del Barça. Íker Casillas, portero del Madrid. Grandes rivales, pero grandes amigos. En 2012, el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes ha recaído en ellos porque –según justificaba el jurado que otorga el premio– “los dos simbolizan los valores de la amistad y del compañerismo, más allá de la máxima rivalidad de los equipos a los que pertenecen. Su comportamiento deportivo es un modelo para los jóvenes, y son un ejemplo de juego limpio que es admirado por todos”. Respeto. Solidaridad. Humildad.

 

El deporte limpio debe ir más allá de las competiciones. En él, uno aprende a ganar… y a perder. Por eso puede ser escuela de virtudes, tanto por los que lo practican, como los que lo observan. Tan importante es saber “la fuerza exacta que necesitas para luchar en el karate”, como saber cuándo tienes que dejarlo, porque te conoces. “No es necesaria mucha fuerza para encararse con tu contrincante –dice Irina Chic, estudiante de Educación Primaria a la UIC y karateca–; debes saber aprovechar su fuerza y sus movimientos. Por eso, hay mucha concentración: debes sentir el aire que se rompe y ver qué hará el otro antes de que lo haga”. Concentración. Diligencia. Constancia.

 

“Quiero ganar, pero si no lo consigo, dejadme ser valiente en el intento”. Es el lema que utilizan en el Movimiento Special Olympics España, que resume muy bien lo que puede llegar a ser el deporte. Es importante ganar. Sí, claro. Pero más importante aún, es darse cuenta de qué me puede llegar a aportar. “Hay que aprender a trascender el deporte y lo que haces todos los días –afirma Pep Marí–; es decir, hay que saber ir más allá del objetivo concreto y conocido que tienen las cosas. El deportista de élite tiene una fecha de caducidad, seguro. Por ello, si has sabido mirar más ella, no te hunidrás como han hecho, por desgracia, tantos deportistas. Y sabrás que si quieres conseguir el máximo nivel en el ámbito profesional, deberás aplicarte lo mismo que un deportista de alto rendimiento”.

 

Esfuerzo. “Dejadme ser valiente en el intento”.