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La adicción al móvil, ¿un efecto colateral?

La adicción al móvil, ¿un efecto colateral?

El teléfono móvil (y concretamente el teléfono inteligente o smartphone) se ha incorporado plenamente en nuestras vidas, produciendo un impacto social importante que afecta a nuestra forma de comunicar, informarnos, acceder a servicios, etc. El móvil, tal como lo utilizamos actualmente, proporciona una amplia oferta de aplicaciones que destacan por su variedad, atractivo e interés, que facilitan nuestra vida diaria. Sin embargo, los medios de comunicación se han hecho eco de algunos de los problemas que puede generar un uso excesivo del móvil.

 

El uso descontrolado de este aparato puede llegar a convertirse en el fin y no en el medio para conseguir algo, llegando a afectar al funcionamiento normal psicológico y social, compitiendo con el resto de actividades diarias y, llegados a este punto, convertirse en un problema. Todavía más cuando tenemos en cuenta que, en España, el número de líneas de teléfono móvil alcanzó los 53,6 millones en 2015, por encima del número de habitantes en el territorio. Los smartphones son especialmente atractivos para los jóvenes, un grupo de población en el cual la impulsividad y la búsqueda de nuevas sensaciones juegan un papel importante y que suele estar más familiarizado con las nuevas tecnologías. A los diez años el 30 % de los niños ya disponen de móvil y, a los doce, este porcentaje alcanza el 70 %.

 

Cabe decir que el estudio de cómo las tecnologías afectan nuestra conducta no es nuevo. De hecho, antes de la llegada masiva de los móviles, otros comportamientos como el uso de los videojuegos, de Internet, o las compras compulsivas, estuvieron bajo la mirada de los especialistas para conocer sus efectos. Algunos expertos creen que estos comportamientos pueden ser, a la larga, potencialmente adictivos, si aparecen refuerzos fisiológicos y psicológicos que fomenten la repetición. Sin embargo, a diferencia de las adicciones producidas por sustancias —en las que llega un momento en que hay cambios que interfieren en la vida diaria—, en las relacionadas con la conducta, es difícil determinar si los problemas resultantes son producidos por el comportamiento repetitivo, o por otros factores como rasgos de la personalidad, patologías psiquiátricas previas, etc.

 

Actualmente el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-V) incluye una nueva categoría de trastorno en la que podría incluirse la adicción al móvil, denominada “trastornos adictivos no relacionados con sustancias”, pero solo el trastorno por juego de azar ha sido considerado una adicción conductual. En general, no hay una definición exacta y consensuada de lo que se considera “adicción conductual” pero algunos autores la definen como: una actuación donde hay una pérdida de control y deseo intenso, una conducta donde se presenta dependencia, tolerancia y abstinencia, donde hay necesidad de repetición, pese a sus efectos negativos, y que interfiere en las actividades normales de la vida diaria.

 

Miedo a estar desconectado

 

Hoy por hoy sigue sin haber una clasificación clara, pero sí se han realizado estudios que indican que un 5 % de los jóvenes tienen adicción al móvil. La edad de iniciación al uso del móvil está relacionada con el riesgo de uso problemático: a más temprana la adquisición, mayor es el riesgo. También se ha observado que las niñas presentan más probabilidad de mal uso que los niños: ellas lo utilizan principalmente para mantener relaciones sociales a través de mensajes instantáneos y redes sociales, mientras que ellos utilizan más aplicaciones con juegos y tienen mayor tendencia a utilizarlo en situaciones de riesgo. La necesidad de estar continuamente cerca del móvil y mantenerse conectado entre los jóvenes ha dado lugar a un nuevo trastorno llamado FOBO, que responde al acrónimo en inglés: Fear of Being Offline, es decir: “Miedo a estar desconectado”.

 

Varios estudios han buscado la relación entre los rasgos de la personalidad y el uso problemático del móvil. Aunque la investigación disponible tiene varias limitaciones –principalmente debidas a la diversidad de terminología, criterios y metodologías utilizadas– parece que las mujeres con una personalidad con tendencia a la extraversión, la neurosis y una baja apertura a la experiencia se relacionan con un uso problemático del móvil (hasta el 13,5 %). Sin embargo, tanto extrovertidos como introvertidos pueden hacer un uso inadecuado del móvil, aunque los motivos de uso pueden ser diferentes e, incluso, contrarios. Así, se ha detectado que las personas extrovertidas utilizan más las redes sociales para aumentar el número de contactos, mientras que los introvertidos las utilizan para compensar sus dificultades en la relación con las personas. Hoy por hoy, el perfil de personas con riesgo de adicción más alto corresponde, por una parte, a personas extrovertidas con un bajo nivel de confianza y, por otra, a las personas impulsivas con bajo control emocional.

 

También se ha descrito como el uso abusivo del móvil interfiere en la salud. Se observa que el móvil afecta principalmente al patrón del sueño y puede estar relacionado con una mayor probabilidad de patologías psiquiátricas como la ansiedad, el estrés y la depresión. Principalmente, la interferencia con el patrón del sueño se observa en adolescentes, ya que puede producir insomnio y ansiedad. Además, se han reportado problemas físicos como rigidez, dolor muscular, afecciones oculares, debilidad de los pulgares y muñecas, etc. De la misma manera, ya hay evidencias de cómo el uso abusivo del móvil produce abstinencia, falta de control, tolerancia e interferencia con otras actividades, criterios propios de las adiciones relacionadas con el comportamiento descritas en el manual DSM-V.

 

De todo lo descrito hasta ahora no se puede concluir fehacientemente que el uso abusivo del móvil produzca adicción, y que esta adicción pueda ser considerada dentro de los criterios de patología mental actual. A pesar de esta falta de evidencia, parece claro que el abuso del móvil es un problema emergente que está relacionado con el desarrollo de la tecnología y su accesibilidad masiva, y sobre todo con el uso descontrolado entre algunos jóvenes que, debido a sus características de inmadurez propia en estas edades, inseguridades, falta de control y presión de grupo, pueden favorecer un uso problemático.

 

Los límites

 

Efectivamente, no conocemos el umbral entre abuso-adicción, pero está claro que hoy en día el móvil representa una herramienta tecnológica al alcance de nuestras manos que nos acerca tanto a personas como a conocimientos. Poner el límite entre cuando se trata de un uso correcto y cuando no, puede ser extremadamente difícil. A pesar de ello, como usuarios hay que establecer algunas pautas tanto individuales como colectivas para hacer un uso responsable.

 

En este sentido, es recomendable seguir una pauta diaria de hábitos de vida saludables que incluya las suficientes horas de descanso (entre 7 y 9), una alimentación variada (rica en verduras y frutas, pescado y carnes blancas, que evite los productos refinados), y actividad física regular (de 30 a 45 minutos diarios). Además, habría que fomentar las actividades colectivas tanto con la familia, como entre los amigos y compañeros, promoviendo las relaciones sociales, y compaginar todo ello con las responsabilidades vinculadas al estudio y / o trabajo.

 

En esta línea, varios autores hablan de la importancia de fomentar, desde la infancia y adolescencia, habilidades comunicativas en persona –cara a cara– y generar pautas sobre el uso de dispositivos móviles, donde se incluyen:

 

– Limitar el uso y pactar las horas de utilización de los dispositivos

– Favorecer la relación directa con otras personas

– Fomentar la práctica de aficiones como la lectura, el cine, el teatro, la pintura y otras actividades culturales

– Potenciar el deporte y las actividades en equipo; fomentar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado u otras actividades que se desarrollen en grupo

– Favorecer la comunicación y el diálogo dentro de la familia

 

Además, en el caso de los menores, podría ser necesario controlar los contenidos de acceso y fomentar que el uso de estos dispositivos se hiciera en compañía de adultos, y en espacios comunes (como el salón de casa, la cocina, etc.).

 

Es tan evidente que el teléfono móvil se ha convertido en una herramienta tan importante y útil en nuestra vida de cada día, que es responsabilidad de todos, individuos y colectivos (entre los que se incluyen familias y educadores), mantener un uso adecuado del mismo y fomentar una práctica óptima entre los más jóvenes. La responsabilidad está en nuestras manos, manos con o sin un dispositivo móvil.

 

* Dra. Cristina Martínez, profesora asociada de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud (UIC Barcelona).

 

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Bibliografia:

 

– Cía, A.H. (2013). “Las adiciones no relacionadas a sustancias (DSM-5, APA, 2013): un primer paso hacia la inclusión de las Adicciones Conductuales en las clasificaciones categoriales vigentes”. Rev Neuropsiquiatr,76 (4), 210-217.

– De-Sola Gutiérrez, J., Rodríguez de Fonseca, F. And Rubio, G. (2016). “Cell-PhoneAddiction: A Review”. Front. Psychiatry, 7:175.doi: 10.3389/fpsyt.2016.00175.

– Echeburúa, E. y De Corral, P. (2010). “Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto”. Adicciones, 22 (2), 91-96.

– Pedrero-Pérez, E.J., Rodríguez Monje, M.T. y Ruiz Sánchez de León, J.M. (2012). “Adicción o abuso del teléfono móvil. Revisión de la literatura”. Adicciones, 24 (2), 139-152.

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