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«La sombra del tiempo»: claves históricas y culturales

«La sombra del tiempo»: claves históricas y culturales

Por Teresa Vallès y Ángela Navarro, profesora y alumna, respectivamente, de la Facultad de Humanidades de UIC Barcelona.

 

Con motivo de la reedición de la primera novela de Carlos Pujol, La sombra del tiempo (Fundación Lara, 2016), ofrecemos aquí las claves del contexto histórico y cultural en que se desarrolla la acción de la novela. Dicha acción tiene lugar en Roma en el periodo comprendido entre finales de 1798 y la Semana Santa de 1799, cuando se produce la entrada de las tropas napoleónicas en la ciudad. Representa el momento del choque entre los ideales de la Revolución Francesa y los del Antiguo Régimen teocrático en una ciudad de Roma gobernada por el papa Pío VI.

 

La protagonista del libro, Clara, es una aristócrata francesa que se ha visto obligada a abandonar Francia por la Revolución y decide ir a Roma atraída por “la curiosidad de ver sus bellezas y antigüedades, de las que mi padre me había hablado a menudo cuando era niña” (p. 37). Esta “emigrada” es una joven viuda, culta e instruida, buena conocedora del neoclasicismo del Siglo de las Luces en el que vive.

 

Hechos históricos: la ruptura entre Francia y Roma

 

La relación de Francia con la Iglesia y por tanto con Roma, ciudad protagonista de la novela, sufrió una importante transformación. Los hechos más destacados de la relación entre Francia y Roma hasta el fin de la Revolución Francesa fueron los siguientes:

 

1790 El Estado francés promulga la Constitución Civil del Clero y se rompen la relaciones diplomáticas entre Francia y Roma

 

La Constitución Civil del Clero estableció la obligación del clero a prestar juramento al nuevo régimen revolucionario. Los que se negaron a prestar juramento fueron considerados traidores y llamados “refractarios”. De este modo acabó distinguiéndose entre una Iglesia constitucional o juramentada y otra no juramentada fiel a la iglesia de Roma. El papa Pío VI condenó dicha Constitución, de espíritu radicalmente anticlerical, y no reconoció la Iglesia nacional francesa.  Esto provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas. Francia destituyó al Cardenal de Bernis de su puesto de embajador de Francia en Roma, pasó a considerarlo un emigrado y expropió sus bienes en Francia.  Las relaciones diplomáticas no se reanudaron hasta 1797 cuando, mediante el Tratado de Tolentino, fue nombrado embajador José Bonaparte.

 

1796 Tratado de Bolonia

 

Mediante este tratado el papa se comprometió a una serie de obligaciones respecto los franceses. A cambio, Francia se comprometía a no invadir los Estados Pontificios. Napoleón Bonaparte no respetó el compromiso y el papa convocó la firma de un nuevo tratado.

 

1797 Tratado de Tolentino

 

A cambio de la no ocupación militar de Roma, el papa se compromete a pagar una indemnización de 30 millones de escudos, ceder 100 obras de arte y 500 manuscritos de las colecciones vaticanas, conceder libre acceso a todos los puertos papales, ceder las legaciones papales de Róvena y Bolonia y liberar los presos políticos y de guerra. La importancia capital del Tratado de Tolentino radica en que supuso el principio del fin del poder temporal del papa y por tanto una nueva concepción de la relación Iglesia-Estado.

 

1798 Asesinato del general Duphot

 

Tras la firma del Tratado de Tolentino una serie de revolucionarios romanos, promovidos por el Gobierno de París, comienzan a reivindicar la proclamación de una república al modo de la francesa, que acabe con el poder eclesiástico. Estos revolucionarios son los protagonistas de una serie de disturbios que culminan con el asesinato del general Duphot en diciembre de 1798, disturbios que Clara, la protagonista del libro, nos narra en primera persona.

 

1799 Las tropas francesas entran en Roma. Proclamación de la República Romana

 

A raíz de la muerte del general Duphot los acontecimientos se suceden rápidamente: el embajador, José Bonaparte, abandona rápidamente Roma, el representante pontificio en París es arrestado, se disuelve la curia y se arresta a los cardenales, las tropas francesas al mando del general Berthier entran en Roma el 15 de febrero de 1799 y el 20 de febrero el papa es obligado a abandonar Roma a pesar de encontrarse enfermo. Se produce la proclamación de la República Romana que durará solamente hasta finales de verano de 1799 cuando la ciudad Eterna es ocupada por las tropas de rey de Nápoles.

 

En Francia, el 9 de noviembre de 1799 Napoleón Bonaparte dará un golpe de Estado que pondrá fin a la Revolución Francesa y dará paso al inicio de la etapa napoleónica a la que seguirá la restauración de la monarquía y el nuevo debilitamiento de la misma, ante lo cual la protagonista se pregunta: “¿hemos tenido que ver mudanzas tan dolorosas para que todo vuelva a repetirse, a ser igual, a lo mismo?” (p. 280).

 

Personajes históricos

 

Cardenal de Bernis (1715-1794)

 

Escritor, diplomático y príncipe de la iglesia. Gozó de la protección de la marquesa de Pompadur (promotora de la cultura y amante del rey Luis XV), lo que le facilitó conseguir la amistad del rey y el cargo de diplomático. Fue ordenado sacerdote a los 40 años, nombrado obispo y posteriormente cardenal. Como diplomático ejerció los cargos de ministro de Asuntos Exteriores, embajador de Francia en Venecia y posteriormente en Roma, cargo que desempeñó hasta 1790. El Cardenal de Bernis se negó a suscribir Constitución Civil del Clero promulgada en Francia por lo que fue declarado emigrado y desprovisto de todos sus bienes y privilegios. Hasta su muerte continuó residiendo en Roma gracias a una asignación de la corona española y mantuvo sus influencias y amistades. Escribió sus memorias (Mémoires et lettres de François-Joachim de Pierre, cardinal de Bernis) publicadas por su familia en 1878.

 

Clara comparte con el Cardenal de Bernis la condición de emigrados y entre ellos surge una complicidad que les hará compartir vivencias y que ella confirme, entre otras muchas cosas, que Roma es la ciudad que lleva en su corazón.

 

San Benito José Labre, ‘il santo’ (1748-1783)

 

Patrón de los vagabundos, mendigos y peregrinos, fue canonizado en 1881. Tras ser rechazado en las órdenes de Trapa y La Caruja, se hizo miembro de la 3ª Orden Franciscana y optó por la vida de peregrino y vagabundo visitando santuarios de Italia y España. Los últimos años de su vida los pasó en Roma donde murió un miércoles santo en la casa de su amigo el carnicero Zacarelli quien lo recogió desmayado de la iglesia de Santa María del Monte.

 

El contacto que la protagonista mantiene con “il santo” será inolvidable para ella y marcará su trayectoria vital.

 

Pío VI (1717-1799)

 

Último papa del llamado Antiguo Régimen. Al declararse la República Romana fue obligado a exiliarse a Francia donde murió perdonando a sus carceleros. Napoleón autorizó en el año 1800 el traslado del cuerpo del papa a Roma para ser enterrado.

 

D. José Nicolás de Azara (1730-1804)

 

Político, diplomático, coleccionista de arte y mecenas. Embajador de España en Roma de 1785 a 1798 y en París de 1798 a 1803. Cuando Roma fue ocupada por los franceses y declarada la República Romana acompañó al papa al destierro. En Roma acumuló muchas piezas arqueológicas para su colección y apoyó al pintor neoclásico Anton-Raphael Mengs.

 

Otros personajes históricos

 

José Bonaparte (1768-1844) Hermano de Napoleón Bonaparte. Tomó parte de la campaña de Italia siendo nombrado embajador de Francia en Roma en 1796. Abandonó Roma tras la muerte del general Duphot, antes de la entrada de las tropas revolucionarias.

 

General Duphot (1769-1797) General de la Revolución Francesa. Fue asesinado en Roma en una revuelta a las puertas del palacio de su amigo, el embajador José Bonaparte.

 

General Berthier (1753-1815) Mano derecha de Napoleón Bonaparte. Jefe de estado mayor en la campaña de Italia. Bajo las órdenes de Napoleón tomó Roma, hizo prisionero al papa y declaró la República Romana.

 

René de Chateaubriand (1768-1848). Diplomático y escritor. Nombrado Embajador de Francia en Roma por el rey Carlos X en 1828. Ocupará el palacio Simonetti que en su día hizo famoso por sus fiestas el Cardenal de Bernis.

 

Referencias culturales

 

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se produjo una revitalización del arte clásico que dio lugar al movimiento conocido como Neoclasicismo. La ciudad de Roma se convirtió en el centro de reunión, aprendizaje y peregrinación de artistas, eruditos, críticos y viajeros de toda Europa, e incluso de América, que visitaban las ruinas de Herculano y Pompeya, descubiertas en los años 1738 y 1748 respectivamente, e intercambiaban sus puntos de vista sobre la excelencia de la cultura clásica. También por Roma pasaron los que acabarán siendo los precursores del Romanticismo en Alemania y en Inglaterra y proclamándose en contra de la racionalidad de las normas del Neoclasicismo y reivindicando la libertad creativa del genio. Saverio le cuenta a Clara, refiriéndose a las ruinas, que “Goethe, que es un escritor muy ilustrado, anduvo por allí hace poco, y decía a quien quisiera oírle que no había nada en el mundo que fuese más digno de verse” (p. 74).

 

Clara coincide en Roma, entre otros, con el escritor español neoclásico Leandro Fernández de Moratín, con el sabio jesuita el padre Ramón Santandreu, con un poeta inglés al que llaman lord Oscar Nelvil, con Francesco Piranesi (hijo del grabador Giovanni Battista Piranesi), con el poeta revolucionario Francesco Massaranni  y con un pintor francés de ruinas llamado Philippe Langlois.

 

Poesia

 

Lord Bayron (1788-1824) Poeta del Romanticismo inglés. Autor de los versos: “Oh, Rome! My country! City of the soul! The orphans of the heart must turn to thee, lone mother of dead empires!”. El personaje de la novela que encarna la personalidad de Lord Byron es Lord Oscar Nelvil con el que Clara comparte el entusiasmo por el poeta del Renacimiento Torquato Tasso y con el que visitará el monasterio de San Onofrio donde está enterrado el poeta renacentista.

 

Alfieri (1749-1803), en la novela es representado por el personaje de Massarani. Dramaturgo, poeta, traductor de clásicos griegos y escritor italiano. Defensor de la libertad y contrario a toda manifestación de tiranía en el poder. En su obra se respiran tanto de la corriente neoclásica como del incipiente Romanticismo. Tras presenciar junto con su compañera, la condesa Albany, los acontecimientos revolucionarios de 1789 en París, su entusiasmo por la libertad se transformó en odio hacia la Revolución y escribió  el soneto antirrevolucionario “Il Misagallo” por el que fue perseguido por los revolucionarios franceses y tuvo que refugiarse en la Toscana. En la novela se cita un verso de este soneto: “Servi siam, si, ma servi ognor frementi” (Somos esclavos, sí, pero esclavos siempre palpitantes).

 

Entre otros poetas mencionados hay que destacar a Cesarottti (1730-1808), poeta, traductor y escritor partidario de la entrada de las tropas de Napoleón en Italia y cuya traducción de los Poemas del celta Ossián compuestos por Macpherson, le proporcionó muchos seguidores y admiradores, entre los que hay que destacar a Goethe, Lord Byron, Napoleón y al poeta al que Clara conoce en Roma que “leyó a Cesarotti, se hizo osiánico y ahora presume de poeta incomprendido” (p. 51).

 

Música

 

En la novela se hace alusión especialmente a la ópera del periodo neoclásico y especialmente a la ópera bufa, género que comienza a ganar importancia artística aunque las representaciones de este tipo de ópera siguen relegadas a un público más popular. Nuestra protagonista acude a algunas representaciones de óperas bufas y queda sorprendida por la precariedad y decadencia de los teatros romanos y por la escasa atención que presta el público. En pleno Carnaval acude al teatro Capranica donde se representó La cantatrice bizzarra de Valentino Fioravanti. Clara acude con Saverio y el canónigo Ribetti a la celebración de una misa cantada, probablemente  la Misa de la Coronación KV 317 de Mozart, de la que la protagonista realiza una larga y afinada descripción.

 

En la novela se mencionan compositores de música barroca (Corelli y Tartini), clásica francesa (Gretry y Rameau), clásica italiana (Paisiello, Cimarosa) y clásica austriaca (Mozart).

 

Pintura

 

En Francia el Neoclasicismo se convirtió en el arte de la Revolución Francesa y posteriormente del imperio de Napoleón gracias a su principal representante Jacques-Louis David (1748-1825). En la novela aparece el personaje del pintor francés Philippe Langlois que comparte algunas similitudes con Jacques-Louis David, como los años de aprendizaje en la Academia de Roma en contacto directo con las ruinas y su posterior ascensión a pintor del régimen de Napoleón y  más tarde de la corte del rey Luis XVIII. Como nos explica Clara, “Langlois fue un excelente pintor de las glorias de Napoleón y de sus mariscales, más tarde se hizo perdonar adulando a los Borbones” (p. 284), aunque Don Antonio lo considera revolucionario y al servicio del mal: “delator, juez y verdugo” (p. 163).

 

En Italia, Mengs y Piranesi ejercerán una fuerte influencia en la formación de dicho movimiento mediante los estudios que realizaron de las representaciones artísticas de la antigüedad clásica.

 

Piranesi (1720-1778) Arquitecto, grabador, arqueólogo y teórico italiano. Su interés por la arquitectura clásica y por las excavaciones de Herculano se reflejaron en su colección de grabados más destacada, Vedute di Roma en la que se mezcla la realidad y la imaginación, como en toda su obra. Sus grabados de edificios y ruinas romanas contribuyeron a la formación y desarrollo del movimiento Neoclásico y fueron publicados y conocidos en el resto de Europa, especialmente en Inglaterra y Francia. Los grabados de Piranesi que Clara contemplaba con su padre de pequeña le hicieron conocer y soñar a Roma antes de visitarla.

 

Mengs (1728-1779) Pintor y teórico del primer Neoclasicismo. Residió varios años en Roma donde estudió la antigüedad clásica y a los renacentistas Rafael y Miguel Angel, y donde entabló amistad con el igualmente teórico del Neoclasicismo, Winckelmann. En 1761 realizó el fresco del “Parnaso” en el salón de la Villa Albani, que se considera el primer manifiesto del nuevo movimiento del Neoclasicismo y cuyo programa iconoclástico fue realizado por su amigo Winckelmann. En la novela, cuando Clara visita Villa Albani le decepcionan tanto el palacio como las pinturas de Mengs, que las considera “faltas de carácter y anodinas” (p. 122).

 

Otros pintores mencionados en la novela son Giotto (Pre-renacimiento), Tiziano (Renacimiento) y Jean-Honoré Fragonard (Rococó).

 

Bibliografía

 

  • Floristán, A. (Coord) Historia Moderna Universal. Barcelona: Ariel, 2004.
  • Moral Roncal, A. Manuel. Pío VII, un papa frente a Napoleón. Madrid: Sílex Universidad, 2010.

 

* Teresa Vallès Botey es profesora de la Facultad de Humanidades (UIC Barcelona).

* Ángela Navarro es alumna de 4º del Grado en Humanidades y Estudios Culturales (UIC Barcelona).