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In depth
«Iré a cualquier parte, siempre y cuando sea hacia adelante»

«Iré a cualquier parte, siempre y cuando sea hacia adelante»

Observar a los emprendedores durante tiempo y su forma autónoma de trabajar me ha permitido aprender algunas características que tienen y que, a mi juicio, los han ayudado a lograr sus sueños. Además, me parecen útiles para que las personas volemos alto y consigamos mejores resultados profesionales.

 

Son personas notablemente orientadas a la acción. Disfrutan cuando se encuentran en plena actividad, les entusiasma hacer cosas, y hacerlas cuanto antes. El lugar en que suelen preferir estar es en las trincheras del negocio.

 

Un emprendedor es alguien que piensa en el cliente: él es lo más importante, pero hay que demostrarlo con hechos. Hay que conocerlo, saber qué piensa y espera de nosotros y qué expectativas tiene depositadas en nosotros. Así podremos anticiparnos a sus necesidades y estar a su servicio. He observado que los emprendedores que mejor cuidan a sus clientes buscan superar sus expectativas para así sorprenderlos.

 

Por otro lado, la sobriedad en el emprendedor es también primordial, sobre todo en los inicios. La sobriedad es esa virtud que ayuda a que demos a las cosas su justo valor y a que gestionemos adecuadamente nuestros deseos y necesidades, siendo capaces de distinguir entre lo que es razonable y lo que es exagerado. Nos evita ser prisioneros de “necesidades” ficticias y nos hace más capaces de valorar las cosas. Nos prepara para soportar las carencias y para superar las inevitables frustraciones que siempre van apareciendo en las primeras fases de una empresa.

 

Por supuesto, una de las claves del espíritu emprendedor es la motivación. Nos surge a todos para cubrir seis necesidades emocionales básicas: sentirnos seguros; singulares e importantes; tener retos y variedad en lo que hacemos; sentirnos conectados con los demás, queridos; ver que crecemos, que nos enriquecemos; y saber que contribuimos, que somos útiles para alguien o para la sociedad.

 

Además, el emprendedor tiene que ser espabilado y ver las oportunidades que le da la vida para comenzar un negocio de cero y triunfar. Y, unido a eso, debe tener mucha confianza, en tres sentidos: en sí mismo, en los demás, y logrando que los demás la tengan en él. Solo de este modo conseguirá crear entornos seguros, ir más rápido, ahorrar gastos, asegurar que los conocimientos se transmiten correctamente, fomentar la motivación… Así, viendo las oportunidades y confiando y generando confianza, alcanzará metas que otros ven imposibles, porque ante las dificultades se hará más fuerte para superar el escollo.

 

¿Significa esto que el que emprende tiene que ser perfecto? No. Cuando uno innova, prueba, se arriesga… y seguro que tendrá algún fracaso. Es el mejor examen del emprendedor: quienes no valgan se rendirán, pero los que tengan capacidad lucharán para superar el fracaso y, al no darse pronto por vencidos, sabrán sacar lecciones de sus errores y seguirán luchando por sus objetivos con tenacidad. Y todo esto, gracias a la paciencia. Quien no la tenga, se bajará del tren en la primera estación. Por ello, ante todo, tendrá que responderse la pregunta: ¿estoy dispuesto a arriesgar? Todo el mundo sabe que hay ideas que triunfan y otras que fracasan, pero aun así hay gente dispuesta a arriesgar su capital económico por una oportunidad que ha visto clara. Y hay que dar gracias a estos que arriesgan. “Solo es posible avanzar cuando se mira lejos. Solo cabe progresar cuando se mira en grande”, dijo Ortega y Gasset. Si nadie se arriesga, olvidémonos del progreso.

 

Capacidad de aprender

 

Todo esto está muy bien, pero una de las bases más importantes es tener la capacidad de aprender; y, cuando se ha aprendido, volver a aprender; y, por si no estaba aún del todo claro, ser conscientes de que nunca se puede dejar de aprender. Aprender, aprender, aprender. E, incluso, aprender a aprender. Es decir, ser lo suficientemente humildes como para darse cuenta de que no somos superiores a nadie y que, si actuamos con arrogancia, no conseguiremos uno de los puntos más importantes del buen emprendedor: el apoyo de los demás. “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento –decía Hemingway– es la humildad”. Porque el que no es humilde no es capaz de ver sus propios errores y, por tanto, de aprender de ellos.

 

Y, a su vez, ¿qué implica la humildad? La sinceridad, que, aun sabiendo que a corto plazo puede ser un problema, pensando a largo plazo sale a cuenta. Es decir, hay sinceridad cuando no hay contradicción entre los pensamientos, las palabras y las acciones. Cuando hay coherencia entre el interior y el exterior de una persona. El emprendedor no debe tener reparo en decir “no lo sé”.

 

Además, la alegría, el optimismo y la generosidad son características que facilitan la vida al emprendedor, ayudan a recibir los golpes y a dar lo mejor de nosotros mismos. Y, todo ello, unido a un sentido común aplastante. Es decir, el del que sabe distinguir entre lo relevante y lo accesorio y, por lo tanto, actúa con más acierto y siendo más justo con quienes lo rodean.

 

Voluntad, flexibilidad y pasión

 

Lógicamente, unas características llevan a las otras, y el que es optimista y tiene sentido común con más facilidad tendrá, también, esta fuerza necesaria para aprender de los errores y volver a levantarse muchas veces (humildad) y fuerza de voluntad. Me parece interesante destacar, también, esta característica. Nos mueve a hacer cosas libre e intencionadamente, a pesar de las dificultades, de los contratiempos, de nuestro estado de ánimo, pasando por encima de nuestras apetencias inmediatas.

 

¿Cuáles son los síntomas de una voluntad entrenada? Será de Perogrullo decirlo, pero pienso que vale la pena citar algunos de estos síntomas:

 

  • Ser capaces de hacer primero las tareas más importantes, y no aquellas que nos gustan más o que nos resultan más fáciles de hacer.
  • Cumplir planes y compromisos. Planificar.
  • Ser capaces de controlarnos, no dedicar todo el tiempo al proyecto que emprendemos, mantener cierto equilibrio con aquellas otras cosas que nos interesan de la vida.
  • Sacar tiempo para reflexionar sobre uno mismo, sobre cómo va yendo nuestro proyecto, sobre lo que tenemos que cambiar.
  • Muchas veces, para un emprendedor que suele ser “todo acción”, el simple hecho de parar un momento para poner por escrito ideas, previsiones, o informes, es una clara demostración de rigor y de voluntad.

 

Es decir: tener fuerza de voluntad implica, también, ser los suficientemente flexibles como para adaptarse al medio cuando sea necesario. El emprendedor tiene que ser capaz de rectificar y adaptarse a las circunstancias y cambiar las actitudes y los puntos de vista. La flexibilidad mejora la disposición para llegar a acuerdos y para enriquecernos con las opiniones de los demás.

 

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Hemos dicho ya muchas características del emprendedor, pero si hay una transversal a todas esas es la creatividad: la capacidad de producir algo que antes no existía. Un emprendedor es autónomo, por lo que debe ingeniárselas él solo para salir de los problemas y crisis que tenga, para convencer al cliente, etc. Si no es creativo, será muy complicado que prospere. Tendería a estancarse. Si no hay creatividad, o tienes muchísima suerte o no tienes futuro.

 

Por eso, tienen que tener una curiosidad permanente. Investigan y descubren cosas que aún nadie ha hecho, otras que los sorprenden y, gracias a ello, buscan perfeccionar la técnica descubriendo los errores. La curiosidad es fuente de preguntas y, habitualmente, es mucho más importante para un emprendedor saber cuáles son las preguntas adecuadas que conocer las respuestas.

 

El lazo final es que el emprendedor ponga pasión y disfrute en aquello que hace. La vida es demasiado corta como para despilfarrarla en algo que no nos gusta. El trabajo nos ocupará una tercera parte de nuestra vida. No es nada fácil, pero es fantástico cuando uno encuentra el lugar en el que mejor encaja. Además, si tenemos pasión será muy complicado que alguien nos pare. Los problemas se convierten en desafíos. Y si trabajas con pasión contagias a los de tu alrededor y todos tendrán más ambición y deseos de llegar a cimas más altas.

 

En definitiva, éstas, no son características que tengan un orden jerárquico, pero si tuviera que resumirlo todo destacando algunas serían: la honestidad, la tenacidad, el sentido común y, sobre todo, el disfrute y la pasión al hacer las cosas. Con Livingstone, terminaría diciendo: “iré a cualquier parte, siempre y cuando sea hacia adelante”.