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Interviews

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Carlos Andreu: La universidad debería ser el auténtico vivero de emprendimiento

"La universidad debería ser el auténtico vivero de emprendimiento"

Carlos Andreu Pintado (Pamplona, 1972) es coach y formador de directivos en temas actitudinales para empresas tanto nacionales como internacionales. MBA por el IESE y licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza, es también profesor universitario y además dirige su propia empresa de consultoría, formación y desarrollo. Positivo y valiente. Estuvo en la UIC hace un tiempo en una sesión organizada por la agrupación de estudiantes AcrossWeek. Después, contactamos con él por correo electrónico y la respuesta no se hizo esperar. Como bien dice en su web, Andreu tiene “un delay de cinco días, pero en cinco días siempre tendrás respuesta”. Y la verdad, así fue. Respuestas positivas, que reflejan muy bien cómo es y qué transmite; y quien no se lo crea, que lo compruebe aquí mismo…

 

“Hay que huir del círculo vicioso de noticias negativas que nos llegan a diario”, es lo que dice siempre en sus conferencias… ¿Cree que empleamos más tiempo con lo negativo que con lo positivo?

 

No es que lo crea: es que es así. Absolutamente. Nos gusta regodearnos en lo negativo, en lo triste. ¿Por qué? Quizá por el morbo de aquello que nos llama la atención, no lo sé. Encima, los medios de comunicación llevan a esto, destacando sobre todo noticias negativas. ¿Qué pasa con las positivas? Pocas veces trascienden,… ¡pero existen!

 

Sí, pero sigue existiendo, también, esa inercia hacia lo negativo.

 

Sé positivo y atraerás positividad en tu vida. Esto es así: si siembras amor, recogerás amor; si siembras sombras, recogerás sombras. Nadie puede dar lo que no tiene. Es verdad que entre la siembra y la recogida puede pasar mucho tiempo –¡tarda muchos años en crecer un bambú!–, pero vale la pena. Aún sabiendo que quizá la recompensa puede que llegue muy tarde.

 

El problema radica en que a menudo lo positivo es más difícil de ser descubierto, ¿no le parece?

 

Sí, pero, insisto de intento, aunque cueste un poco, tenemos que descubrir lo positivo que nos ofrece la vida, que lo hay en todos los ámbitos. ¿Que vende menos? Es triste, pero es obvio que suele vender menos que el hecho de que la prima de riesgo esté al 500.

 

Lo que cuesta no vende… así pues, ¿se ha perdido la cultura del esfuerzo?

 

No está muy de moda esforzarse, luchar por lo que cuesta o exige sacrificios y privaciones. Vivimos muy en la zona de confort y salir de ella no nos resulta fácil.

 

“Siempre negativo, nunca positivo”, reprochaba un conocido entrenador a los periodistas…

 

¡Claro! Es que este es el único camino. ¡Tenemos que ser mucho más positivos! Solo así florecerá la gente positiva a nuestro alrededor. Además, ¿no es lo que la gente está buscando? Necesitamos sensaciones positivas, ilusión, entusiasmo, optimismo…

 

De acuerdo, hay que estar con los pies en la tierra y las manos fuera de los bolsillos, pero seguimos en crisis.

 

Es verdad, sí; ahora bien, ¿sirve de algo quejarse o lamentarse? Andar con el ánimo caído es una tontería porque tampoco podemos hacer mucho ante la que está cayendo en todo el mundo, ¿no? Lo que tenemos que hacer es empezar por nosotros mismos. Es cierto que son duros estos tiempos, pero como son los que nos ha tocado vivir, son los mejores. De todos modos, no podemos cambiarlos, con lo que tenemos que vivirlos, con crisis o sin ella. Por eso hay que ver la vida con las oportunidades que nos está prestando, también, esta situación.

 

Quizá es algo muy manido, pero ¿cree que es una crisis que va mucho más allá de la actuación de unos bancos y unos políticos que se han portado mal con nuestro dinero?

 

Por supuesto. Una ha provocado la otra. Hemos llegado a esta situación porque nos hemos pasado veinte pueblos, y ahora estamos recogiendo lo que sembramos hace un tiempo. Olvidamos los valores, pensamos que todo estaba permitido y mira en la que nos hemos metido: una crisis económica brutal. No me gusta buscar culpables, porque todos tenemos algo de culpa, pero sí soluciones: volvamos a la decencia, a hacer las cosas bien, y saldremos de aquí, seguro.

 

¿Volvamos al pasado, o innovemos y actualicemos en nuestra sociedad los valores de antaño?

 

Los valores inmutables son inmutables: esfuerzo, sacrificio, servicio, atención, ayuda, recompensa, alegría… Es lo que aprendí en casa y creo que cualquiera los firmaría. Las sociedades, desde hace muchos siglos, siempre se han regido por los mismos. No es necesario inventarse otros, ni descubrirlos. Lo que tenemos que hacer es practicarlos. Con interés. Con decisión y sirviendo de ejemplo a otros.

 

Perdone, pero yo también voy a insistir: es preocupante ver cómo, con 30 ó 40 años y estudios universitarios, másteres y experiencia, hay mucha gente que sigue en el paro. Por muy positivo que seas…

 

Es cierto que esta es una de las generaciones más preparadas y, efectivamente, el mercado no lo está sabiendo valorar. Yo creo que la gente tiene que abrir la mente y pensar que su trabajo a lo mejor no está tan cerca como pensaba, que tiene que marcharse de aquí. Eso es algo que tenemos que asumir todos. Y por otro lado, hay que pensar que ha llegado el momento de emprender.

 

Si lo que te falta es espíritu emprendedor, alíate con alguien que sí lo tenga pero al que le falten las habilidades o las capacidades que tú tienes. Así, seréis capaces de montar una empresa, un negocio, una compañía que aporte bienestar, dinero y alegría a la sociedad, lo que también es interesante.

 

Además, creo en esa responsabilidad de romper los miedos, de perder el pánico que da montar alguna cosa: hay que romper con ellos, hay que ser valiente y estar dispuesto a dar ese paso por cumplir un sueño, que además va a ser un sueño positivo para uno mismo y también para la sociedad.

 

¿Cree que es más fácil trabajar en equipo?

 

No; claro que no. Porque las relaciones humanas son complicadas, y hay roces, fricciones, envidias… Pero es el único camino. Necesitamos equipos multidisciplinares y multiculturales y eso obliga a que cambiemos nuestro “chip” individualista por otro mucho más colaborativo.

 

¿Se premia más la experiencia o la formación?

 

Quizá en un determinado momento la universidad se alejó demasiado del mundo real y se quedó en un mundo excesivamente teórico; que debe existir, por supuesto, pero también con implicaciones en el día a día. Por eso hoy en día el título es algo “indiferenciado” y lo que se valora más es “la experiencia de vida” de la persona. Títulos tenemos todos, y tampoco nos sirven de mucho. Por eso a las carreras universitarias tenemos que llenarlas de “vida”.

 

Ya, pero, a veces, aun teniendo mucha experiencia, una persona de 50 años, que acaba de ser despedida del trabajo en el que lleva toda su vida, no tendrá las mismas oportunidades que un joven de 20.

 

Es duro decirlo, pero efectivamente es así. Uno de 50 años debería estar aportando un montón de cosas buenas a su compañía y a su organización. Un montón. Y sin embargo, muchos se ven abocados a marcharse. Quizá consigan reubicarse con colaboraciones puntuales, pero sobre todo tienen que reinventarse. Tienen que ser capaces de superar el “duelo” que supone dejar la compañía para la que han dado tanto de su vida y reemprender el vuelo destacando aquellas competencias más positivas y más desarrolladas que tengan. No tendrán las mismas oportunidades, pero seguro que, si “se replantean”, serán capaces de encontrar algo nuevo.

 

CARLOS ANDREU 3

 

¿Qué les diría a las personas en esta situación?

 

Que se pongan las gafas de ver lo positivo y busquen las muchas cosas buenas que nos rodean.

 

Ahora bien: comenta con valentía la opción de irse al extranjero, decisión difícil tanto para el que se va como para los que se quedan. A menudo es la necesidad lo que les impulsa a ello

 

Por esto les diría que no dejen de mirar su tierra para volver. Sería triste, muy triste, que gente formada intelectualmente como nunca se fuera lejos para no volver jamás. Conseguiríamos tener un país descapitalizado intelectualmente. Que se vayan, sí. Que aprendan mucho, sí. Que disfruten de la experiencia, también. Pero que luego, dentro de unos años, cargados de experiencia, vuelvan a compartirla con los que aquí nos quedamos.

 

El camino es el de emprender, no hay más, pero ¿se puede aprender a ser emprendedor?

 

Sin duda. La universidad debería ser el auténtico vivero de empresas y emprendimiento, porque es donde se investiga, donde se mira hacia el futuro, donde se analiza el pasado para no caer en los mismos errores. Y eso son cualidades del emprendedor. Sin embargo, la mejor manera de aprender a emprender es emprendiendo, y si no, fijándose en algunos modelos de emprendimiento. El ejemplo es un arma poderosísima de educación. De padres emprendedores, seguro que hijos emprendedores. Pues igual ocurre en la universidad: de departamentos emprendedores, alumnos emprendedores.

 

¿Qué aspectos cree que debe cambiar o mejorar la universidad?

 

Debe adaptarse más a los tiempos y necesidades cambiantes de la sociedad. Sin duda la universidad debe ser la fuente del conocimiento, y eso es algo muy importante que no se debe perder, pero también es cierto que la universidad nació hace 500 años y a menudo aún sigue repitiendo lo mismo que entonces. Y eso no puede ser, porque el mundo cada vez se mueve más deprisa. Debe avanzar con la sociedad y atender sus demandas y necesidades. Creo que se ha alejado mucho de la vida real y cotidiana de las personas y las organizaciones.

 

Así pues, si el modelo universitario ha cambiado poco, quizá el alumno debe crear una pequeña revolución para transformarlo o adecuarlo.

 

Por supuesto. Ha habido pocos cambios en la universidad como institución, por lo que los cambios que haya o que deba haber los tienen que provocar los estudiantes, o sea la gente que pasa por aquí. Es uno mismo el que pide a la universidad que le cambie, pero es una responsabilidad de cada uno.

 

El tiempo pasa deprisa y no podemos detenerlo, no podemos cambiarlo y menos durante la etapa universitaria. ¿Qué podemos cambiar?

 

La manera en la que lo aprovechamos. Los problemas no podemos evitarlos, eso no depende de nosotros, pero sí la actitud con la que afrontamos esos problemas.

 

En definitiva, ser valiente. Pero ¿cuál debe ser el motor de nuestra sociedad, la causa de nuestro despertar?

 

Sin duda, el servicio. En la medida en que tengamos claro que estamos aquí, en este mundo, para hacer que la gente que esté a nuestro lado viva un poco mejor, seremos capaces de mover la sociedad entera hacia el cambio, y por supuesto hacia el cambio adecuado y esperado.