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Interviews

/ Salvador Vidal

Salvador Vidal: El buen humor es la autopista de la creatividad

"El buen humor es la autopista de la creatividad"

Enamorado de las matemáticas, Salvador Vidal es profesor agregado de la Facultad de Educación de UIC Barcelona. Enamorado y con ganas de transmitir esta pasión a todos sus alumnos: “Las matemáticas salieron para solucionar problemas de la vida diaria y es lo que quiero hacer ver”… Aquí, juega un papel clave el maestro; lo explica “a lo Eugenio”: y el saben aquel que diu… “Un profesor de matemáticas explica el teorema de Pitágoras a sus alumnos por primera vez. Como no lo entienden, lo explica una segunda vez. Tampoco. A la tercera, el maestro lo entendió…”

 

Cuénteme cuál es el problema

 

Las matemáticas no tienen buena perspectiva histórica. Siempre se han presentado como una asignatura áspera, abstracta, poco contextualizada; un poco como fuera del ámbito cotidiano. Es una sensación que tiene mucha gente, por lo que, incluso en las familias, a veces se habla de las matemáticas de manera despectiva o los padres las describen como una asignatura que les costaba mucho…

 

Y los profesores tienen gran parte de culpa

 

Sí, claro. La manera como se enseña es fundamental: si te apasiona, lo transmites; si no, no. Yo siempre digo a mis alumnos que se enamoren de las matemáticas: es la única manera de hablar bien de ellas y de transmitirlas. ¡Hay que enamorarse de las matemáticas!

 

¿Cómo?

 

Pues enseñando a través de emociones positivas; no solo en esta disciplina, pero sí de manera especial, ya que requieren un “plus” por su historial más bien negativo.

 

El problema es que, me temo, nuestra generación no es demasiado científica…

 

Yo diría, más bien, que es una generación científica en cuanto a las nuevas tecnologías, una generación sobre todo multimedia, que vive de la noticia instantánea, de las prisas. Se tiene mucha información y las matemáticas deben poder entrar en este mundo de una manera factible, bien presentada, emocionante, vistosa… Explicar de forma diferente y con los medios de que disponemos hoy.

 

Esto quiere decir que también las asignaturas deben renovarse

 

¡Sí, por supuesto! Todos los que la enseñamos debemos hacer el esfuerzo para que se vea como una asignatura atractiva, y pienso que la manera de hacerlo es buscando las nuevas metodologías como el flipped classroom, peer instruction, trabajar por parejas, hacer trabajos en equipo, dinámicas de grupo, introducir la gamificación en el aula, como hacemos nosotros. No hay que abusar de ellas, lógicamente: hay que ir cambiando; he ahí la riqueza de todo esto: saber usar diferentes maneras de enseñar las matemáticas.

 

Y los profesores, ¿están motivados?

 

No creo que debamos generalizar, la verdad…; los hay que tienen una muy buena inquietud para buscar nuevos recursos, instrumentos diferentes, etc. En nuestra facultad hemos abierto un laboratorio matemático, donde el alumno experimenta y puede ir deduciendo aspectos matemáticos sin que se los expliquemos. Por ejemplo, les doy un vaso, un plato y un cubo. Tienen que encontrar la circunferencia de cada uno de estos elementos y calcular el diámetro. Si dividen la longitud por el diámetro se dan cuenta de que el resultado es 3,13; 3,15… y descubren a través de la experimentación que siempre es el número Pi. Este aspecto de presentar retos y descubrimientos a los alumnos los motiva. La clave es que los protagonistas del aprendizaje sean ellos, que aprendan haciendo. Debemos enseñar con la cabeza, con las manos y con el corazón: la cabeza para pensar, el corazón para sentir y las manos para hacer. Pensar, sentir y hacer: a mí me parece una pedagogía muy clara.

 

Entonces, ¿los niños motivados aprenden más rápido?

 

Aprenden más rápido, sí. La motivación es la fuente del conocimiento. Nosotros tenemos alumnos que vienen de un bachillerato científico, pero tenemos también otros del humanístico que no tienen preparación matemática. De hecho, algunos escogieron el bachillerato humanístico porque no les gustaban las matemáticas. Ahora no solo tendrán que aprender, sino que deberán ser profesores. Lo que intentamos en la Facultad de Educación es que cambien la postura. Si tienen una actitud favorable hacia la matemática, aprenderán con mayor facilidad.

 

Pero no es fácil incentivar al alumno. ¿Cómo lo hace?

 

Al empezar las clases, intento hacer una matemática recreativa buscando un reto, mostrándoles un truco de magia; algo que les despierte la curiosidad. Poco a poco vamos introduciendo los contenidos que tengo que enseñar. La motivación, el cómo, de entrada hacen que el alumno –también el futuro maestro– aprenda con ganas y se despierte en él una curiosidad que le lleve a querer aprender más. El buen humor es la autopista de la creatividad: si tienes buen humor, seguro que harás cosas creativas, buscarás, mirarás… y esto ayuda a aprender. La motivación es la fuente del aprendizaje

 

¿Cree que los niños de hoy tienen menos inquietud por los descubrimientos que los de la antigua Grecia o los del siglo pasado?

 

¡No, no! ¿Por qué debería ser así? Si se les presentan retos que estén a su alcance, los alumnos de ahora estarán igual de motivados que los de antes. Pero debemos tener cuidado con los retos, porque si son demasiado fáciles desaniman, y si son demasiado difíciles también desalientan, porque piensas que no llegas. Si están al alcance del estudiante este se anima, investiga…

 

La motivación de la que hablábamos hace un momento

 

Sí. Mira, los primeros días de clase les presento acertijos que deben resolver, pero un día les digo que sean ellos mismos los que creen uno delante de los demás. A veces son muy impresionantes, sorprendentes, que te hacen pensar. La matemática te hace razonar y relacionar cosas, buscar varios aspectos para llegar a conclusiones concretas. Cuando llegas al éxito te sientes satisfecho. El éxito motiva y ayuda a aprender.

 

Pero es que, a veces, hay verdadero odio a las mates

 

Sí, y por eso, primero debemos analizar el porqué de este odio, saber dónde está el problema –en la familia, en el profesor…–: cómo ha llegado a odiarlas. De entrada, un alumno de cinco o seis años que comienza la enseñanza primaria no detesta ninguna asignatura. Si tiene un buen profesor que lo conduce y acompaña en su aprendizaje seguro que terminará la primaria sin ningún tipo de problemas con las matemáticas. Ahora bien, si tiene un profesor o tiene detrás unos castigos o una evolución negativa hacia esta disciplina, lógicamente, la acabará aborreciendo.

 

¿Cuándo es el momento oportuno para empezar a introducir en un estudiante inclinación por las matemáticas?

 

Hace un tiempo se hizo un estudio sobre cómo intentar fomentar las vocaciones científicas en los alumnos de secundaria, que demostró que buscar la vocación científica en estas edades ya es un poco tarde. Por lo tanto, debemos fomentarlas durante la etapa de primaria. Algunos llegan a la ESO quemados con las matemáticas por una experiencia negativa en las aulas. Hacen los cuatro años arrastrándolas como un peso, cuando surgieron para solucionar problemas de la vida diaria.

 

¿Qué problemas? ¿Qué tienen que ver, por ejemplo, con el llanto de un bebé, o con el periodismo?

 

¿Con el llanto de un bebé? El llanto puede representar que este niño no está bien. Entonces calculamos cuánto tiempo hace que no come, quizá tiene hambre. O le miramos la temperatura por si tiene un poco de fiebre. Puede que no tenga el pañal limpio, debemos calcular cuándo fue la última vez que lo hemos cambiado. El tiempo, la cantidad de comida que ha tomado, la temperatura… todo eso son números, cálculos. Todo está relacionado con las matemáticas.

 

Con el periodismo, por ejemplo, yo veo estadísticas en los diarios que están mal, que ponen que un 80% dijo una cosa y un 40% otra. No puede ser, porque 80 y 40 no suman 100. Un buen periodista debe saber matemática, estadística, porque si no, salen en los diarios disparates en estudios de población, en encuestas… Los números son muy gráficos y ayudan a concretar. Dan una fuerza que a veces no tienen las palabras. Para mí, un número o una gráfica son muy ilustrativos. En el periodismo debe haber un rigor matemático porque ayuda a que la gente entienda la noticia.

 

¿Desde siempre se han utilizado las matemáticas?

 

Claro que sí. De hecho, la palabra cálculo significa ‘piedra’, y las primeras calculadoras del mundo fueron piedras. Los hombres las contaban y hacían pilas, mirando si tenían suficiente comida en las cuevas. Por tanto, la matemática surgió para solucionar problemas, no para complicarnos la vida. Hoy en día no podríamos entender una sociedad sin matemáticas, los alumnos deben ver que son útiles para desarrollarnos en el día a día.

 

Pero ya veo que no siempre han funcionado igual…

 

No, claro. Han ido evolucionando según las necesidades de cada momento. Por ejemplo: ¿Por qué aparecieron los números negativos? ¿Para complicarnos la vida? ¡Por supuesto que no! Mira: si yo tengo un cordero y tú tienes un saco de trigo, yo te cambio el cordero por el saco de trigo. Pero un cordero tiene más valor que un saco de trigo, por lo tanto, un cordero vale dos sacos. Como yo ahora solo tengo uno, te lo doy y te debo otro. Pongo un palo y una raya enfrente, que quieren decir: “Te debo un palo: un saco de trigo”. Cuando te doy el saco de trigo, lo borras y la deuda ya está cobrada. Esto hacían: calcular a partir de rayas. Se han encontrado huesos, piedras, marcas en las cuevas de pintura… ¡que son calculadoras! Y lo mismo diría por la base 2 matemática que utiliza el 0 y el 1, que fue necesaria para la informática actual: pasa corriente o no pasa corriente (0,1,0,1); porque la necesitaban.

 

¿Qué fue primero, la letra o los números?

 

Algunos antropólogos dicen que primero aparecieron lo que conocemos como números naturales y, a medida que la sociedad iba desarrollándose, fueron apareciendo nuevas realidades que la matemática tuvo que resolver…

 

¿Por lo tanto, todo el mundo debe conocer las matemáticas?

 

Pienso que hemos de emocionar con las matemáticas para conseguir que la gente no sea analfabeta en este sentido. Hoy diría que prácticamente todo el mundo sabe leer o escribir. Pero no todo el mundo sabe contar, y eso es un reto que hay que alcanzar. Pienso que tenemos que conseguir que la gente no sea analfabeta matemáticamente, porque nos da una calidad de vida. Nos ayudaría a vivir más tranquilos.