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El Brexit y la vuelta a los orígenes

Maria Mut

Sinceramente no puedo decir que el resultado del referéndum me sorprendiera, a pesar de que pensaba que la opción de quedarse se impondría por un escaso margen. Básicamente, se trataba de una cuestión de tiempo. Casi desde la misma entrada a las comunidades europeas en el año 1973, el Reino Unido se ha mostrado distante con el proyecto y, lo que es peor, poco convencido de su decisión, las dudas le han golpeado reiteradamente. Siento decir que De Gaulle tenía razón cuando afirmaba que la principal motivación del Reino Unido en el proyecto europeo era comerciar libremente.

 

En mi opinión, el Brexit va a resultar más perjudicial para el Reino Unido, especialmente en cuanto a su unidad territorial, que para la Unión Europea. El único peligro para la UE es que se produzca un efecto contagio y otros estados imiten al Reino Unido y la abandonen. Sin embargo, a largo plazo será beneficioso para la UE, porque en ella permanecerán aquellos estados que están realmente comprometidos con el proyecto de integración, que Jean Monnet y Robert Schuman diseñaron en la década de los cincuenta, y por fin podrá plantearse sin tabúes una meta federal europea.

 

Hay pocas cosas irreversibles en la vida, pero la cuestión del Brexit tiene pinta de ser bastante definitiva. Podemos buscar responsables, podemos conjeturar sobre las causas y las consecuencias y podemos inventar mil fórmulas jurídicas que permitan dar marcha atrás y asegurar la permanencia del Reino Unido en la UE. Pero, la realidad es una, clara y evidente. La mayoría de ciudadanos del Reino Unido quiere marcharse. Creo que seguimos sin hacer el esfuerzo de entender al ciudadano medio y lo infravaloramos. La clase política y las élites intelectuales son cada vez más distantes, son incapaces de empatizar con los problemas que afectan a ciudadanos cada vez más desengañados y desmotivados. Hace tiempo que el proyecto europeo no ilusiona, además del déficit democrático de la UE, las políticas de austeridad no han ayudado en absoluto.

 

Por mucho que nos empeñemos en que el voto de la mayoría de los británicos ha sido irracional, fruto de la ignorancia y de la desinformación, en realidad lo único que sucede es que es un voto antintelectual, pero ¡la gran parte de la sociedad no pertenece a la élite intelectual!

 

Bruselas debe tomar nota de ello y empezar reformas para un proyecto europeo más inclusivo, más ilusionante. Un proyecto donde la persona, los valores humanos, tengan primacía absoluta y se superpongan a los intereses meramente económicos y financieros. No podemos olvidar, y menos aún negar, los orígenes del proyecto de integración europeo que diseñaron los llamados padres fundadores, Jean Monnet y Robert Schuman, hace ya más de sesenta años. El sustrato original del proyecto de unidad europea descansa en los valores cristianos, ello se hace especialmente evidente en la figura de Robert Schuman, que se encuentra en proceso de canonización, porque a diferencia de otros europeístas, su visión no fue únicamente una visión política o económica de Europa, sino que se fundamentó en valores tan importantes como la paz, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos.

 

No sé en qué momento el proyecto dejó de ser primordialmente solidario y se convirtió en una unión puramente comercial, técnicamente compleja y muy difícilmente comprensible para los mortales. Seguramente fue un proceso gradual. Así, ahora más que nunca, nosotros, los europeístas, debemos tratar con gran respeto la voluntad del pueblo británico y hacer una lectura positiva de su marcha, no solo porque el Reino Unido ha sido un obstáculo en el camino hacia la integración, quizás por haber primado una visión excesivamente comercial y no estar interesado en la globalidad del proyecto, sino también porque el pueblo británico ha dado un claro golpe de atención o incluso un castigo a los eurócratas. Mientras, los europeístas debemos seguir apostando por más Unión Europea, pero siendo críticos constructivos, es decir, demandando un modelo europeo más humano, donde los valores sigan ocupando el centro del proyecto.

 

En definitiva, para volver a ilusionarnos debemos volver a los orígenes, a las enseñanzas de Schuman y Monnet.

 

* Maria Mut Bosque es profesora de Derecho Internacional y de la UE de la Facultad de Derecho (UIC Barcelona). Research Fellow ICS, University of London