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Educar en libertad

Inés Gazulla

El valor supremo que impera en nuestros tiempos es, sin duda, la libertad. Hay libertad de expresión, libertad ideológica, libertad de cátedra, incluso libertad para escoger el propio sexo.

 

Sin embargo, en España sólo hay un 1% de escuelas de educación diferenciada. Y todas son privadas. ¿Por qué algo tan importante como la educación básica y obligatoria no permite ejercer la libertad de elegir el modelo educativo?

 

Hay una creencia generalizada acerca de las escuelas de educación diferenciada que afirma que son discriminatorias, extienden estereotipos y perpetúan los roles entre mujeres y hombres. En mi caso, he tenido la oportunidad de estudiar en una escuela mixta y otra diferenciada. Y puedo decir que no sólo no sufro ningún trauma ni fui educada en el estigma, sino que la educación diferenciada me ha ayudado a apreciar y valorar mi condición de mujer en muchos aspectos.

 

María Calvo, profesora de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, defiende en una interesante entrevista en El País (24 abril 2006) la necesidad de una educación diferenciada en tanto que existen diferencias intrínsecas entre ambos sexos. Y eso se refleja a nivel pedagógico, a la hora de enseñar. Aunque las materias sean las mismas, la metodología es distinta. ¿Es eso discriminatorio? No me parece. Lo verdaderamente discriminatorio es aplicar una misma norma para todos sin tener en cuenta las particularidades de cada uno.

 

Es cierto que la co-educación busca alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Pero no es menos cierto que la igualdad y el igualitarismo se confunden. Hay una condición de igualdad entre hombres y mujeres como personas, pero eso no quiere decir que el género no exista. Es algo tan inherente a la persona que resultaría contraproducente olvidarse de él.

 

Somos iguales pero no somos lo mismo. Por eso creo que, apreciar las diferencias como algo constructivo y que permite el crecimiento de la persona, debería garantizarse a todo aquel que lo pidan.

 

* Inés Gazulla Cusí, alumna de 1º del grado en Humanidades  y Estudios Culturales en UIC Barcelona.