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Views / Let’s talk about…

La filosofía no es una asignatura

Magdalena Bosch

La filosofía no sirve para nada: no sirve para construir túneles transoceánicos, ni para descubrir una vacuna contra el cáncer, ni tampoco para construir un coche de bomba de hidrógeno… sin embargo, cuando Mahatma Gandhi instauró un modo de no-violencia para resistir al poder británico estaba haciendo filosofía y cuando Nelson Mandela dio su testimonio sufriendo veintisiete años de prisión, estaba haciendo filosofía. Los primeros sistemas de leyes, que permiten pasar de la barbarie a la civilización, emergían del pensamiento filosófico; y la medicina se inspiró y cobijó en brazos filosóficos para su nacimiento y hasta su madurez empírica. La filosofía no es una asignatura es la posibilidad de entender la vida y la humanidad.

 

¿Qué nos está pasando ahora? ¿Por qué en pleno siglo XXI vivimos en una época de terror renovado tras dar por descontado que no se repetiría nada de lo que pasó entre el uno de septiembre 39 y el dos de septiembre del 45? ¿Dónde está la filosofía que luchaba pacíficamente por la libertad y enseñaba que la benevolencia es efectiva? Durante tantos siglos hubo convicciones fuertes, vigorosas, que cambiaron el mundo; ideas con poder de pacificar, ideas que nos hacían fuertes porque se basaban en lo más esencial del ser humano, en su autenticidad. Había una reflexión después de la catástrofe y los humanos teníamos arrepentimiento y podíamos aprender de nuestros errores. ¿Qué nos pasa ahora?

 

Nunca hay una única respuesta a problemas tan complejos. De entrada, diría que quizás pensamos muy poco. Corremos demasiado para ver más allá del impacto y la sensación y se hace difícil ver que la realidad, afortunadamente, no se reduce a las grandes desgracias que nuestro tiempo está sufriendo y engendrando. La realidad es mucho más que eso. Los 7.300 millones de personas que pueblan la tierra viven, en su mayoría, de acuerdo con filosofías pacíficas y cooperantes. Los problemas más graves los provocan una proporción muy pequeña de la población. Por eso podemos seguir pensando que hay más personas justas que ladrones, más hombres de negocios honestos que estafadores, y muchísima más gente pacífica que terroristas.

 

Corremos tanto y pensamos tan poco, que nuestra sociedad parece abocada sólo a la acción y del modo más acelerado posible; con una velocidad que no deja lugar al razonamiento. Y esto hace que todo lo agresivo y violento cobre más fuerza y que la multitud pacífica se acalle bajo el ruido de la violencia. Por eso se necesitan urgentemente espacios de ponderación y reflexión.

 

La filosofía no es una asignatura, pero debe enseñarse y cultivarse. Quienes han combatido violencias y crímenes; quienes han abierto caminos de convivencia y progreso, eran –tanto si se les llamaba así como si no– pensadores. Ellos tuvieron una fuente de inspiración, fueron instruidos en tradiciones filosóficas y espirituales que les hicieron capaces de llevar a la realidad las grandes ideas en que creían. ¿De dónde sacaremos nosotros la fuerza moral, ya no para construir un mundo mejor, sino para frenar el empeoramiento que estamos causando? ¿De dónde obtendrán las generaciones futuras las herramientas para entender el mundo y poder actuar acertadamente? ¿Dónde aprenderán los valores de la justicia, la paz, la cooperación… el valor de ser humano?

 

La filosofía es mucho más que una asignatura, pero ha de enseñarse en las escuelas: necesitamos pensar y que nos enseñen a hacerlo bien.

 

* La Dra. Magdalena Bosch es profesora de la Facultad de Humanidades (UIC Barcelona)

(Una versión más breve de este artículos fue publicado en La Vanguardia, el 18 de noviembre de 2015).