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How much does university cost?

Miquel Urmeneta

Las mejores universidades del mundo están en los Estados Unidos de América según los rankings. Sin embargo, allí los que confían en ella no llegan a la mitad de la población adulta (48 % en 2018 según Gallup) y la mayoría piensan que esta institución va por mal camino (61 %, según el Pew Research Center). ¿Qué es lo que falla? ¿Ha traicionado sus principios? En realidad, los problemas son de carácter más práctico. Los reproches que suscitan más consenso son el elevado coste de las matrículas (84 %) y la percepción de que no proveen a los estudiantes de las habilidades necesarias para tener éxito en el mundo laboral (65 %). Sin embargo, otras encuestas dicen que las empresas sí valoran los títulos universitarios.

 

En España la universidad ha mantenido un buen prestigio en estos años de crisis, en los que la confianza en muchas instituciones ha bajado bastante. Algunos analistas piensan que es posible que los recortes hayan ayudado. El hecho de que algunas se cuelen entre las 200 primeras del mundo también ha podido crear simpatía (y, en Cataluña, que la UB haya sido durante años la primera de las universidades del Estado). Es curioso este contraste con Estados Unidos en cuanto a la ratio satisfacción-calidad (seguramente la diferencia de precios juega un papel importante).

 

En este contexto, han tenido lugar las acusaciones cruzadas entre líderes políticos españoles a raíz de másteres no cursados, primero, y después, por posibles tesis doctorales plagiadas. El impacto de estos casos sobre la imagen de esta institución aún está por ver. Ahora bien, a pesar de que su prestigio quede tocado, los efectos pueden ser beneficiosos: quizás estamos peor de lo que creemos. Entre otros, estos episodios han demostrado dos cosas. Por un lado, que algunas universidades se prestan a prácticas fraudulentas que los sistemas de control no son capaces de detectar. Y, por otra parte, que tener un título universitario da prestigio, sirve para embellecer un currículum. Este segundo punto es común a sistemas tan diferentes como el americano y el español.

 

Quizás parecen conclusiones demasiado obvias. Sin embargo, eso es lo que me parece más relevante: que se dé por supuesto que la Universidad sirve para preparar el viaje al mundo laboral o, al menos, para expedir el pasaporte. ¿Nada más? ¿Hacer ciudadanos críticos, con sentido cívico y cultos? Esta servidumbre de la universidad con el mercado es realmente muy reciente en términos históricos. En Inglaterra, hasta principios del siglo XX el modelo de universidad era el de una comunidad donde tanto los profesores como los alumnos estaban comprometidos a mejorar personalmente y hacer crecer el tesoro de la cultura de su sociedad.

 

Actualmente todo el sistema está orientado en otra dirección: certificar empleados productivos. Es lo que los ciudadanos y las empresas piden, es lo que los rankings valoran y, finalmente, es lo que las universidades dan (algunas con más rigor, otros con menos). En este sentido, creo que la crisis de la universidad tiene mucho que ver con la desorientación que en mi opinión sufren nuestras sociedades. Mientras nos quejamos de los efectos de la crisis económica –y tenemos todo el derecho a hacerlo– alimentamos la misma lógica que los produjo. Priorizar el éxito individual entendido desde el punto de vista financiero tiene un precio que hemos tenido que pagar como sociedad. Y el precio ha sido –pienso– muy alto: el bien, la verdad y la belleza.

 

* Miquel Urmeneta es profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UIC Barcelona). @miquel_urmeneta