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La productividad invisible

Blanca Reguant

Las Humanidades son víctimas de una acusación falaz desde hace unos años: no son inútiles, en absoluto. Lo que sí parece que resulta inútil es el esfuerzo de tantos intelectuales por descolgar ese sambenito de la disciplina más inherente al hombre que existe.

 

Me gustaría resaltar el objetivo principal de las universidades en las que hoy en día se estudian tantas carreras, con tanto nivel de especialización. Estas no nacen para generar promociones y promociones de futuros trabajadores, sino para formar a las personas. Y la formación del carácter humano lleva a una consiguiente obtención de un trabajo en el que se pueda seguir desarrollando dicha persona.

 

¿Cómo desempeñar un buen trabajo, de cualquier tipo, sin haberse desarrollado uno mismo primero? Este es el papel de la universidad y, por tanto, el objetivo de las Humanidades es claro: formarnos como personas, para poder ejercer en cualquier campo laboral y, sobre todo, de forma verdaderamente útil.

 

Las Humanidades también han sido apartadas por lo que ahora se llaman carreras STEM  (siglas en inglés de  Science, Technology, Engineering y Mathematics). El resultado del estudio y la reflexión acerca del conocimiento humano es invisible al ojo humano, pero no por eso menos productivo. Su peso e impacto en el alma humana es superior al que pueda generar cualquier grado universitario que pretenda construir o generar cosas físicas. La reflexión del hombre acerca de sí mismo es indispensable para formar un carácter.

 

Anular la búsqueda de respuestas a las preguntas últimas es aniquilar la espiritualidad del hombre. Si bien es cierto que el hombre es un animal racional, puesto que tiene la capacidad de elegir a diferencia del resto de animales, no es eso lo que nos distingue ni nos hace superiores. Por encima de ser animales racionales, somos espirituales, lo que significa que en nuestro interior hay cabida para sentimientos y emociones como la bondad, la felicidad, la fraternidad, la compasión. ¿No es eso la humanidad más pura? ¿Y qué referencia hacen a ello las carreras productivas?

 

Las Humanidades son las grandes desconocidas del espectro de estudios universitarios. ¿Para qué sirven? ¿Qué asignaturas se cursan? ¿Hay que estudiar mucho? Eso es lo que parece que preocupa a los potenciales humanistas. ¿Cuáles serán las salidas profesionales? El futuro de los humanistas no se limita a la docencia. Haber educado una sensibilidad y aprendido a mirar y reflexionar, junto con asimilar lo observado y saber expresarlo, son cualidades que no todos los recién graduados disponen. Y, de hecho, existen muchísimas ofertas de trabajo para las que se precisa una mente abierta y flexible, y cierta capacidad de atención y entendimiento sobre algunos temas podría ser adecuada para un estudiante de Humanidades. Además también está la posibilidad de escribir, de hacer crítica de literatura, o de arte, o de dedicarse al periodismo cultural, a la gestión de arte o museos, etc. El abanico de oportunidades es más que extenso, si se sabe cómo sacar partido a estos estudios.

 

Pienso que es esencial reconocer la importancia que tiene la vocación en la elección de estudiar Humanidades. Comenzar el grado es solo el principio. “El saber no ocupa lugar”, hemos oído a menudo; y es verdad: un buen humanista nunca se sacia de conocimiento. Estudiar Humanidades no es únicamente decantarse por un grado, sino que es elegir un modo de vida.

 

* Blanca Reguant es alumna de 1º de Humanidades y Derecho.

 
 
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