We use cookies to offer our visitors a comfortable and transparent experience when browsing our website. If you continue browsing, we consider that you accept their use. You can change the settings and get more information. More info
Views / Let’s talk about…

La Revolución Rusa como tabú

Sergio Andrés Pérez

Se cumplen en 2017 cien años de la Revolución Rusa, uno de los momentos más importantes del siglo que nos precede. La Rusia de Putin ha dejado claro en varias ocasiones que la explicación de la historia –la correcta, se presupone–, es uno de los objetivos básicos para conseguir que el patriotismo no desfallezca y para consolidar una identidad nacional que mantenga la distancia entre el “nosotros” y el resto.

 

Curiosamente, ha pasado sin pena ni gloria la Revolución de febrero y algo similar parece que sucederá con la referente a octubre. Nada de fastuosa pirotecnia, aglomeraciones o desfiles. Preguntando a mis alumnos, uno de ellos me aportó una luz sobre esta repentina amnesia histórica nacional.

 

La Revolución de octubre fue un golpe de estado, supuso el inicio de un cambio de régimen y, como tal, una guerra civil entre blancos, partidarios del zarismo, y rojos, revolucionarios. El motivo de que Putin haya exaltado la figura de Stalin, criticado amargamente la caída de la URSS y, sin embargo, no se refiera a 1917 es porque aquella guerra es un tabú nacional en la actualidad. ¿Por qué?

 

Si nos fijamos en la actual política rusa internacional, su argumento básico es el de ayudar a gobiernos estables frente a ataques ilegales. Así se justifica la anexión de Crimea y la participación en el conflicto ucraniano, como apoyo a un presidente en peligro. Lo mismo sucede en Siria, donde el argumento terrorista es secundario, lo principal es ayudar al gobierno frente a ataques subversivos. Es por ello que la Revolución de 1917, en clave actual, significa un golpe de estado, o lo que es lo mismo, lo contrario a lo que Putin necesita.

 

Dentro del país, desde las manifestaciones de la plaza Bolótnaya en 2012, las restricciones a las libertades se han vuelto más férreas y cualquier tipo de manifestación ha pasado a estar (todavía más) controlada. Internet es cada vez más un lugar peligroso en el que opinar libremente puede chocar con la legislación actual rusa. Las elecciones de 2018 ya han tenido su primera víctima, Alekséi Navalny, que iba a presentar como opositor a Putin, ha sido condenado por fraude y no podrá, en principio, participar como candidato.

 

Reescribir la historia no consiste solo en cambiar los hechos. También significa, en ocasiones, cambiar los agujeros vacíos de sitio, establecer capas oscuras sobre las que es mejor pasar por encima sin tratar de extraer conclusiones.

 

Es cierto que en 1917 se acabó con un régimen, se asesinó al zarismo y se acabó con la posibilidad de una democracia parlamentaria. Pero también es cierto que ahora, en una Rusia cada vez más zarista, aquel año no es sinónimo de celebración. Mejor correr un tupido velo y pasar de largo sobre aquellos sucesos. Además, en 2018, el mundial de fútbol se jugará en Rusia. Eso sí es noticia.

 

* Sergio Andrés Pérez es alumni de Humanidades (2003). Es profesor de secciones bilingües en San Petersburgo.