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Maestros de las tabletas

Eva Pediguer

Las tabletas, los teléfonos inteligentes, los libros electrónicos y los palos extensibles para hacer selfies han sido los regalos estrella de las Navidades pasadas. Es difícil ver a alguien por la calle, en el metro, en el trabajo o en la sala de espera del dentista que no tenga su teléfono cerca. A la gran mayoría nos gusta y, como es de esperar, también gusta a los más pequeños, que casi nacen con una tableta bajo el brazo; son los conocidos como generación touch.

 

Nos empiezan a quedar muy lejos los materiales sensoriales de María Montessori que estimulan todos los sentidos. Los hemos cambiado por una pantalla que hipnotiza y engancha a todo el mundo, incluso a los que casi no saben ni caminar. ¿Tienen algo que ver las tabletas digitales con el método Montessori? Los colores, los sonidos y el movimiento son los ingredientes perfectos para atraer la atención de los niños, y en eso las tabletas son las reinas. Hoy la gran pedagoga quizás incluiría en sus materiales el uso –controlado y adecuado– de algún dispositivo digital.

 

De todos modos, lo que no sabemos es si esta tecnología es beneficiosa a edades tempranas. De hecho, aún son muchas las preguntas que se hacen las familias preocupadas por proteger a los pequeños. Los padres tienen que estar preparados, tienen que conocer cómo funciona el dispositivo que dejan en manos de su hijo o hija y cómo lo pueden proteger de contenido no apropiado.

 

Todo eso pide dedicación e interés, pero también implica un punto de referencia, una guía, que deberían ser los maestros, el gran sector de la sociedad que se ha preparado para saber de educación y pasa muchas horas con los alumnos, observando sus necesidades y sacando el máximo provecho de sus habilidades. Sólo hace falta que usen este conocimiento de modo crítico ante el gran mercado de aplicaciones al alcance y así lograr ser los guías que necesitan las familias.

 

Un maestro actualizado puede aplicar metodologías innovadoras que se sumen a las tradicionales, puede beneficiarse de los avances tecnológicos para hacer más fácil su tarea y puede ser un gran orientador para los desarrolladores de aplicaciones. Imaginamos una aplicación pensada, diseñada y programada desde la experiencia de los padres, la perspectiva educativa de los maestros y el conocimiento técnico de los desarrolladores. Sería una app de éxito, segura y educativa.

 

* Eva Periguer es profesora de la Facultad de Educación, directora del Postgrado en Tecnología Educativa. Este artículo fue publicado en La Vanguardia, el 20 de enero de 2015