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Views / Let’s talk about…

Sabios 2.0

Javier Junceda

La expansión de las redes sociales ha devuelto el protagonismo a las letras. Se ha vuelto a escribir, algo que debe celebrarse. Quien más o quien menos lo hace a diario, a través de las diferentes plataformas o aplicaciones. La inmediatez de los mensajes fuerza a menudo respuestas igualmente rápidas, de modo que nos hemos convertido en usuarios obsesivos de los teclados.

 

Este empleo del lenguaje, no obstante, ha traído consigo cosas no tan gratas y en las que me gustaría detenerme hoy: la súbita proliferación de sabiondos y expertos en todo lo divino y humano.

 

En este nuevo patio de vecindad reinan hoy los opinadores que dominan los secretos más insondables de la humanidad. Tras cualquier noticia o artículo, siguen a menudo comentarios espontáneos, algunos de aurora boreal. Es indiferente la materia: desde el ordenador de la sala de estar del octavo C, escalera izquierda, bloque A, de la urbanización X, salen de repente al ciberespacio frases de contenido vacuo aunque disfrazadas de erudición wikipédica, cuando no cobardes insultos o frases gruesas protegidas por el anonimato. El saldo actual del uso de las nuevas tecnologías en estas materias me parece que se inclina más hacia estos derroteros que a las aportaciones valiosas, que por descontado existen.

 

El silogismo aquí es claro: quien tiene acceso a Internet lo tiene al mundo del conocimiento, de modo que cualquiera puede escribir la sandez más notable sin el menor rubor, entre otras cosas porque nadie le enmendará la plana y si alguien osa hacerlo se tornará de inmediato en odioso enemigo que lo único que pretende es denigrar gratuitamente.

 

Esta realidad no es descartable que provenga de las tertulias televisivas o radiofónicas, donde se reúnen a diario personas para disertar de asuntos que no necesariamente conocen. Lo que comentan, aunque constituyan auténticos disparates, se consume a granel por el personal, trivializando cada vez más asuntos, por más que resulten controvertidos técnicamente, al convertirlos en materias opinables.

 

Como es natural, no contamos con la preparación suficiente para abordar todos los temas con un mínimo de rigor. Pensar de otro modo lo encuentro de una gran insensatez. Por eso, al igual que existen moderaciones en muchas webs para evitar la perpetración de ilícitos, pienso que deberían idearse otras para limitar los espacios a aquellos mínimamente aceptables. O simplemente impedir la participación en aquellas materias que no sean generales o abstractas, dado el pésimo nivel que hemos alcanzado.

 

El derecho fundamental a la libertad de expresión es un enorme logro de las sociedades democráticas, pero no ampara ni el insulto gratuito ni la ignorancia supina, por más que se vista de seda. Una cosa es opinar y otra hacer el ridículo, de manera que bien haremos en aplicarnos el cuento y hablar o escribir solamente cuando sepamos al menos de qué va la cosa.

 
 
¿Jaque a Europa?