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Tener cuidado de los que cuidan a los demás

Xavier Baró

Había un tiempo en que se creía que existían trabajos y ocupaciones de primera categoría y otros que eran meramente accesorios y complementarios. Entre otros casos, encontraríamos el de los docentes –“pasar más hambre que un maestro de escuela”, que se dice– o el de los enfermeros y las enfermeras. Centrémonos ahora en estos últimos. Un rápido vistazo a la evolución de la historia de la enfermería, la atención y el cuidado hacia el otro evidencian que la realidad es mucho más compleja, heterogénea y poliédrica. En plena Edad Media, la reflexión sobre el cuidado y el acompañamiento al enfermo la hicieron tanto hombres como mujeres, médicos o enfermeros (Humberto de Romanos, Trótula de Salerno).

 

A lo largo de la Época Moderna, España vivió un verdadero “siglo de oro” en lo que se refiere a los manuales para enfermeros, en este caso, la mayoría escritos por hombres. La Instrucción para enfermeros de Andrés Fernández (1617) es considerado el primer manual en el mundo sobre los cuidados en la enfermería. A pesar de los avances que se han producido, estos textos conservan algunas ideas que siguen siendo reveladoras hoy en día, y son un claro ejemplo de una dedicación vocacional y esforzada. Mientras los generales diseñaban batallas, los enfermeros atendían y estaban con heridos y moribundos.

 

El panorama cambió de forma lenta pero inexorable con los avances tecnológicos y médicos de la Época Contemporánea. Se consideró que no era necesario que la enfermería fuera una tarea profesional, y que debía permanecer absolutamente supeditada a la acción del médico. Se olvidó en gran medida la necesaria complementariedad entre una y otra ocupación. Pero la misma contemporaneidad, sus grandezas y miserias –guerras, genocidios– y el sentido común hicieron repensar esta concepción de la sanidad fría, granítica e inhumana (vale la pena mencionar los ejemplos de Nightingale, Henderson y un largo etcétera).

 

Desde el punto de vista de un profano en la materia, creo que deberíamos sentirnos orgullosos de una sanidad que haga un buen uso de los grandes avances científicos y tecnológicos pero que a la vez contemple siempre la imprescindible tarea sanitaria y humana de aquellos que nos cuidan y atienden cuando estamos enfermos. De hecho, el médico y filósofo Arnau de Vilanova (s. XIII-XIV) tenía bien claros estos preceptos cuando redactó su Regimiento de sanidad a Jaime II, hace más de siete siglos.

 

* Xavier Baró i Queralt es vicedecano de la Facultad de Humanidades de la UIC. [Artículo publicado en el Diari de Tarragona el 24 de noviembre de 2014)]

 

 
 
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