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Tres especies

Jaume Armengou

Hay tres especies que conviene identificar para no fracasar necesariamente en cualquier ámbito de nuestra existencia: el ave fénix, el charlatán de feria y el encantador de serpientes. Cada una de ellas tiene unas notas que permiten detectarla para alejarse.

 

El ave fénix sabe que no perecerá definitivamente en un incendio. Y que es la única que no lo hará. No se puede decir que disfrute durante el incendio, pero le supone solamente un mal momento. Total, que no hay problema en provocar un incendio como instrumento para acabar con todos los demás. Su estrategia es más elegante que la del pirómano, porque no tiene que ponerse a resguardo o actuar a escondidas. Esta estrategia ha dado gran superioridad a la secuoya.

 

El charlatán de feria parece un vendedor, pero es un cómico. Basta con que uno de los asistentes pague el precio de la entrada para que los demás disfruten del espectáculo. En cualquier caso, la mercancía que vende es inútil, pero es tan barata… Si la compra más gente, el charlatán sale ganando. En cuanto se descubra que aquello no funciona tendrá que huir. Pero no importa: hay muchos más lugares en los que vender, el precio es bajo. El espectáculo y la ingenuidad del comprador merecen ser disfrutados.

 

El encantador de serpientes es cosa seria. Todos asisten al espectáculo y aprecian su valor. Mayores y niños le proporcionan sus momentos de gloria. Y si la bicha le pica… si estaba “trucada” y no muere, morirá linchado. Si era bicha auténtica se muere y ya está. Total: ¿de qué otra manera podría conseguir tanta gloria?, ¿valía la pena vivir sin ella?

 

En el sistema universitario existen esas especies, como en cualquier otro. En realidad, únicamente hay que alejarse del ave fénix. El charlatán y el encantador de serpientes son inofensivos, salvo que uno quiera trabajar en equipo con ellos.

 

Lo más siniestro de lo que llevamos descrito es que las características de las tres especies coinciden con las que definen al emprendedor: no tienen aversión al riesgo, no temen el fracaso —es más, lo celebran—, asumen riesgos…

 

El ambiente sofocante que envuelve a este descubrimiento solo se despeja sabiendo que el 98 % de los emprendedores fracasan. Por tanto, puestos a emprender, habrá que asegurarse de que uno no pertenece a ninguna de las tres especies.

 
 
Rápido, rápido…