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¿Una sociedad sin futuro?

Montserrat Gas

Hace escasos días, el Centro de Estudios Demográficos de la Universitat Autònoma de Barcelona ha hecho públicos los datos más recientes sobre la fecundidad en España. Las cifras no pueden ser más esclarecedoras: el 25 % de las mujeres españolas nacidas en 1975 —exactamente una cuarta parte— no tiene ni tendrá hijos. Está claro que somos una sociedad envejecida en la que cada vez hay menos jóvenes y todavía menos niños.

 

Nuestros políticos —con su característica mentalidad cortoplacista y electoralista— no han reaccionado significativamente ante el hecho de la infecundidad, que es parte de la raíz del problema del envejecimiento de la sociedad. Hoy abundan las políticas y medidas para promover el llamado envejecimiento activo —muy necesarias, por cierto— porque se sabe que los mayores son quienes principalmente acuden a votar. En cambio, son escasas o nulas las políticas de natalidad. Quizá si los niños tuviesen derecho de voto la realidad sería otra.

 

Las preguntas que deberíamos hacernos son: ¿por qué cada vez más mujeres no llegan a ser madres? ¿No quieren realmente tener hijos o quizá no encuentran las condiciones para llevar a buen puerto su deseo de maternidad? Las estadísticas revelan los datos, pero no los motivos. Sería de mucho interés llegar a conocer las causas de esa opción.

 

Se ha extendido cierta mentalidad que ve en los hijos una complicación a evitar a toda costa para disfrutar la vida a tope. Los llamados dinkies (double income, no kids) son gente cool, casi creadores de tendencias, mientras las familias con hijos —especialmente si son más de dos— son observadas con aprensión y desconfianza, como si fuesen unos pringados o unos irresponsables. Como contraste, son muchas las parejas que desearían hijos pero, de hecho, no los llegan a tener.

 

¿Por qué se pospone indefinidamente esa decisión y no se pone en marcha medidas enfocadas a remover esos obstáculos?

 

No tiene sentido luchar por crear una sociedad mejor, más justa, más humana, si no estamos pensando en alguien que pueda habitarla. Una sociedad sin niños es una sociedad sin futuro. No hace falta ser una eminencia para darse cuenta. Sin embargo, nuestros gobernantes llevan décadas haciendo caso omiso de esta obviedad. Es muy llamativo que esta creciente tendencia a la infecundidad —conocida ya desde hace decenios— no haya sido objeto de análisis para poner en marcha políticas públicas eficaces. Un signo claro de que hay un auténtico deseo de regeneración política debería mostrarse dejando de lado los intereses electoralistas y de partido para abordar con seriedad los auténticos problemas de una sociedad que desea tener un futuro.

 

* Montserrat Gas Aixendri es directora del Instituto de Estudios Superiores de la Familia, en UIC Barcelona.